Que si del DF… Que si no…
David Gaitán
El país tiene un problema cultural, al menos en el área de teatro, fuerte: el centralismo. Es evidente que la diferencia entre la capital y el resto de los estados en cuanto a posibilidades de profesionalización, volumen de producción, oferta cultural, contacto con producciones internacionales, oportunidades de especialización… es amplia. La brecha es felizmente menor con algunas ciudades, pero son contadas. Una entre muchas pruebas, la migración de artistas a la capital que año con año se da en busca de un escenario de creación más fértil.
Esto es un problema mayor que hay que resolver. Hay programas y festivales que se esfuerzan en llevar (muchas veces de la capital) especialistas a otros estados en aras de equilibrar el asunto, pero no deja de ser un paliativo. Se agradecen los curitas, pero hay casos que ameritan cirugía.
Dicho lo anterior…
Me interesa centrar el comentario en la recurrente protesta contra la programación de la Muestra Nacional de Teatro a propósito de la desproporción “a favor” de obras del DF. No termino de entender la consigna:
“Debe haber más obras de los estados”.
¿Por qué?
Tratando de predecir algunas respuestas… “Porque es un evento que clama su carácter nacional y no muestra la producción que se hace a lo largo y ancho del país.” “Porque se favorece a los creadores chilangos que ya de por sí están favorecidos por el centralismo cultural, privando de una ventana de exhibición a compañías del resto de la república.” “Porque es un evento de la comunidad, hecho con recursos públicos, que se destinan a favorecer a un grupo reducido y además (suele decirse) siempre son los mismos”.
Todos estos argumentos parten de una premisa que me parece muy importante modificar: “La Muestra Nacional de Teatro es un evento para la comunidad teatral.” No. No debe serlo. Si se piensa así, entonces, efectivamente, el criterio “desayunos escolares” debe ser aplicado para programar y anualmente deberíamos ver 32 obras, una de cada estado. Las ventajas para la comunidad artística que la Muestra Nacional de Teatro arroje, desde la posibilidad de diálogo con pares de otras ciudades hasta la interminable ingesta de carbohidratos que los bufetes facilitan, deben considerarse beneficios paralelos, útiles desde muchos ángulos, pero secundarios. La muestra no es para la comunidad, es para el público. Específicamente, para el público de la ciudad que hospeda el evento. Hace más de quince años que la muestra es itinerante, el estado que recibe las obras pone la mitad del dinero. ¿Para qué? (pensemos sólo en los motivos nobles) Para que los espectadores y comunidad artística de esa ciudad tengan treinta y tantas obras de alta calidad, durante diez días, y puedan mostrar los trabajos más representativos de su localidad. ¿A qué espectador le importa quién hizo la obra? ¿O de qué estado es? Así, el evento es una de muchas estrategias (la más costosa, quizá) por descentralizar la actividad teatral del país; de ahí la importancia que no deje de itinerar y el absurdo que sería hacerla en el DF.
Reclamar que haya más obras de los estados apelando a las estadísticas de la selección es exigir que se reparta el presupuesto equitativamente entre los colegas (como si fuéramos los únicos que pagamos los impuestos que permiten que este evento se lleve a cabo) y olvidar que el criterio más importante, en tanto que compete al espectador, es la calidad artística; no la dirección postal del teatro en que se estrenó.
Exigir que en la muestra la programación esté equilibrada bajo el criterio del lugar de origen de la obra es exigir un espejismo de descentralización; como si eso fuera a hacer que el núcleo se moviera de la capital. Por el contrario, una semana de teatro estimulante sí puede dejar una huella significativa en el grupo de espectadores que la atestigüe, es decir, en la ciudad donde la MNT tiene lugar.
La muestra no es El Gran Evento Descentralizador del teatro, es uno entre otros esfuerzos (insuficientes) para movilizar el asunto. ¿Hay muchas del DF? Sí, naturalmente en un cuadro como el descrito.
¿Que si las obras programadas son las mejores? Siempre será polémico. Tener un jurado compuesto por cinco miembros de la comunidad artística, todos de distintas ciudades, me parece una buena idea para hacer la selección.
No se puede hacer una inversión pública de las dimensiones que este evento implica bajo el criterio de otorgar la sensación de igualdad a una comunidad (reducida) cuya labor es diseñar eventos para terceros.
La lucha por mejorar las posibilidades de profesionalización artística en los distintos estados del país es una que debe hacerse, pero atacar la programación de la MNT bajo el criterio comentado es arremeter contra el síntoma. Lo bueno, tampoco le importan estas discusiones al espectador.
