Una trilogía para rehabilitar el Absurdo
Luis Escalante
El principio antrópico es una hipótesis que establece que el universo tiene características específicas que permiten la vida humana. Este principio se basa en la idea de que las condiciones necesarias para la vida son tan delicadas que, si alguna de ellas fuera ligeramente distinta, la vida no habría podido aparecer.
Algunas características del universo que permiten la vida son: La relación entre protones y neutrones, el campo magnético terrestre, la distancia de la Tierra al Sol, entre muchas más. El principio antrópico es una premisa que me llevó a reflexionar sobre estas condiciones, extremadamente precisas, necesarias para que la vida en la Tierra existiera, para que el ser humano emergiera en este vasto universo. ¿Cuál es el propósito o el sentido de la existencia del ser humano en este planeta? ¿Es nuestra capacidad de razonar sobre nuestra propia existencia un mero accidente de la evolución o hay un propósito más profundo y fundamental detrás de nuestra presencia en el universo?
El sentido de la existencia del hombre ha sido un tema de profunda reflexión y debate a lo largo de la historia. Diversas corrientes filosóficas, religiosas y científicas han intentado dar respuesta a esta pregunta. El concepto del absurdo ha sido una herramienta filosófica y literaria clave a lo largo de la historia, particularmente en el siglo XX con figuras como Albert Camus y Jean-Paul Sartre quienes exploraron una nueva forma de habitar el escenario del pensamiento y de la representación. En sus obras teatrales el escenario se convierte en un territorio de confrontación donde los personajes se enfrentan a la falta de sentido del mundo. Así, el absurdo desafía al teatro a reinventarse como acto de conciencia y resistencia, a convertirse en un espacio ritual donde se exponen los límites de la condición humana.
El absurdo como mecanismo de fisura, de contraposición, de deconstrucción y de reconstrucción es, en esencia, una invitación a cuestionar, desafiar y redefinir nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos, este es el principio teórico con el cual desde El Origen Teatro lanzamos con la Trilogía del Absurdo que inició en 2015 en Monterrey. El aparente sin sentido del absurdo nos permite crear una fisura en las estructuras del pensamiento convencional, es en esta grieta donde encontramos la oportunidad de ver el mundo desde una perspectiva diferente, cuestionando lo que hemos dado por sentado.
A través del choque de fuerzas opuestas se crea un diálogo que enriquece nuestra percepción. Al colisionar las narrativas y estructuras preexistentes despojamos a las ideas de su sentido común para revelar inconsistencias y contradicciones profundas. Este choque y desmontaje abre la puerta a nuevas interpretaciones y posibilidades como un motor para la reconstrucción. Desde las ruinas de las certezas destruidas, emerge la oportunidad de crear algo nuevo y original. No se trata de restaurar el orden anterior, sino construir sobre la base de la incertidumbre para desafiar lo conocido, abrazar lo velado y encontrar en el caos una fuente inagotable para dar sentido a la vida bajo el marco de la representación teatral.
Nuestra Trilogía del absurdo se compone hasta ahora por las obras: Sísifo y La Caverna. Para Sísifo, Primera Parte de la Trilogía del Absurdo (2015, dramaturgia de Gabriel Contreras), tomé como base el ensayo de Albert Camus. A nivel escénico resultó en una puesta que privilegió la sucesión de imágenes poéticas. El laboratorio de creación estuvo enfocado en generar viñetas escénicas sin conexión aparente y la apuesta del montaje, fue guiar al espectador por un viaje entre silencios, caos, imágenes y poesía visual, buscando la reflexión sobre el sentido de la existencia humana.
Poco a poco y mientras avanzaba el proceso de creación, descubrí, en esta puesta, que los cuatro personajes dan voz a los más antiguos cuestionamientos del hombre, se preguntan por qué la vida es así, cuál es el sentido de su existencia; representan, de manera condensada y compacta, la vida del hombre en este universo.
Después de 10 años de estrenada la primer entrega, en La Caverna, Segunda Parte de la Trilogía del Absurdo (2025, dramaturgia Dante Vargas y Luis Escalante) me propuse definir un hilo conductor mucho más claro desde el punto de vista de la anécdota a narrar, y para esto, tomamos como eje de investigación la alegoría de la caverna de Platón. En la trama hay elementos relevantes de esta historia: cuatro personajes, Felicitas, Primitivo, Esperanza y Demián, viven en una cabaña sin una definición clara del tiempo ni del espacio. ¿Estos personajes representan a los prisioneros mencionados en la alegoría platónica?
Con el objetivo de explorar el planteamiento de Platón sobre la realidad perceptual (lo que percibimos a través de los sentidos) y el plano de las ideas (lo que construimos a través de la razón), hemos decidido introducir en escena mecanismos que fomentan la reflexión sobre qué es real y cómo nos relacionamos con el concepto de verdad. Así, la obra presenta en las primeras escenas, por mencionar un ejemplo, la posibilidad de ficción dentro de la ficción a través de la aparición de los personajes con aplausos festivos y grabados, al puro estilo de ciertas comedias televisivas. Este planteamiento caricaturiza el concepto de la representación y su relación con lo verdadero y lo ficcionado. ¿Qué es real? ¿Todo lo que percibimos y experimentamos en la vigilia podría ser un sueño, una obra teatral?
Mi anhelo por cautivar al espectador, desafiándolo a expandir su imaginación antes de narrar historias literales, se despertó cuando conocí y trabajé el lenguaje del Teatro de los Sentidos en 2007. Este lenguaje me colocó frente a mundos oníricos e imaginarios muy potentes, espacios escénicos creados de manera artesanal y donde los relatos se entretejen de manera sutil y profunda, como corrientes subterráneas debajo de la superficie de lo que se presenta en escena. El Teatro de los Sentidos tiene sus inicios en los sótanos de la Universidad Nacional de Bogotá en el año 1993 bajo el liderazgo del antropólogo y dramaturgo colombiano Enrique Vargas. En dicho lenguaje se plantea en primer término despertar la imaginación del espectador para que éste se cuente a sí mismo su historia; una historia que surgirá de su imaginario personal así como de sus experiencias de vida, de sus memorias.
Tanto en Sísifo como en La Caverna, he descartado contar historias totalmente definidas y claras porque me gusta pensar al espectador como un detective con quien cada noche establecemos un acuerdo sobre la ficción y sobre la realidad. El espectador sabe que lo que va a presenciar es algo ficticio, ¿decide jugar y pensarlo como un suceso verdadero? El público se convierte en un detective que, mientras suceden los acontecimientos en escena, comienza en su mente, un proceso de construcción de hipótesis sobre lo que está presenciando para finalmente concluir el espectáculo desde su personalísima visión y posición en el mundo.
Sísifo y La Caverna son una travesía por las profundidades filosóficas del absurdo. En ellas buscamos sembrar símbolos y narrativas no lineales para involucrar al espectador en una reflexión honda sobre su propia percepción del mundo, invitándolo a reconsiderar sus conceptos sobre el sentido de la existencia del ser humano en el universo, y sobre el adentro y el afuera de las cavernas… de sus cavernas. Fisurar, contraponer, colisionar y rehabilitar desde lo absurdo, desde el caos, desde una teatralidad que abraza la incertidumbre como territorio fértil de Sentido.
La tercera y última entrega comenzará a escribirse desde la esperanza de que el teatro, como ritual y como fisura, puede seguir siendo ese lugar donde aún es posible imaginar otra salida. Otra posibilidad. Otro comienzo.



23 junio, 2025 @ 12:19 am
Gracias por el espacio para publicar esta reflexión. Saludos,