Atención a los derechos culturales de bebés, niños y niñas
Frida María Barrios Pulido
Si cambiamos el inicio de la historia, podemos cambiar la historia completa.
La primera infancia es el periodo que va del nacimiento a lo 6 años de edad y constituye un momento único del crecimiento en que el cerebro se desarrolla notablemente, pues según las neurociencias es la etapa de desarrollo más significativa de una persona, ya que en estos años se estructura y afianza el desarrollo cognitivo, psicológico, cultural y social. El arte para primera infancia es entonces el que está dedicado a atender esta población.
El artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar de los beneficios que de él resulten”, sin embargo, no a todas las personas se les garantiza este derecho, como por ejemplo a las que tienen 4 meses de edad, 1 o 3 años.
Las experiencias artísticas son formas orgánicas y vitales de habitar el mundo, ayudan a evidenciar por medio de diferentes formas de comunicación y expresión, la necesidad de disfrutar, contemplar y llenar de sentido a la vida, y que atenderlos es pensar en propuestas específicas que tengan un respeto a su sensibilidad e inteligencia, pues no basta que “se les permita entrar” a cualquier concierto o museo, si se les hará después la invitación a los cuidadores de retirarse porque las expresiones naturales de comunicación de sus hijos, como lo son el llanto y los balbuceos incomoda a los artistas y asistentes adultos.
La propuesta es voltear a ver a nuestros bebés con la misma seriedad que volteamos a ver a cualquier otro espectador o beneficiario de la cultura y el arte, es hacer a un lado nuestro adultocentrismo, el cual es un concepto sociológico que se refiere a la supremacía social de los adultos por encima de infantes y adolescentes, pues solamente así es que podremos hablar de políticas públicas que garanticen derechos desde el primer día de vida.
Es urgente visibilizar a las primeras infancias, no para que se conviertan en los futuros consumidores de arte o agentes culturales, sino porque son personas existiendo en un
presente, que también deben ser considerados en las políticas públicas, tal como lo enuncia la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Organización Mundial de las Naciones Unidas.
En los últimos años a nivel nacional ha habido un primer acercamiento a festivales o convocatorias dirigidos para esta etapa de desarrollo, que no representan ni siquiera el 5% de todas las convocatorias emitidas, y que si bien, se veía un avance en el trabajo para esta población, no podemos permitir regresarnos 10 años atrás, recortando programas que empezaban a visibilizar a nuestros bebés, como por ejemplo la desaparición de la mayoría de los Semilleros Creativos para primera infancia, los cuales sólo llevaban 2 años dentro del programa federal, pues recordemos que se deben garantizar los derechos de todos y todas, no quitarles a unos para darles a otro.
Tener presentes a los 19 millones de niños en primera infancia en cada decisión del ámbito cultural y artístico marca la diferencia en la cultura de paz de la que México está sediento, porque en cada encuentro artístico también hay un adulto que acompaña, que entra en un entorno sensible, reflexivo y mas receptivo de lo que quiere para el presente y futuro de sus criaturas, y que por eso las artes se convierten en un lenguaje transversal para garantizar derechos, implementar estrategias de paz, atender la salud mental, entre otros aspectos sociales.
La paz se siembra en la primera infancia. Llegar con los adolescentes a querer que cambien los vicios por un pincel o una guitarra, es estar llegando 12 años tarde.
*Leído en la sesión dedicada a Desarrollo con bienestar y humanismo dentro las Reuniones de consulta hacia el Programa Sectorial de Cultura. Zacatecas, Zac. a 13 de enero 2024.
