Una mesera de cantina
Seleccionada como parte de la programación del Festival de la Joven Dramaturgia 2017 y del circuito nacional Teatro a una sola voz, la obra 206.Especctáculo sonoro santanero se presentó también en el 3er Festival de Unipersonales en Xalapa.
Al público lo recibe un trago de mezcal y unos chocolates Constanzo «algo de dulzura potosina» nos dice la actriz Eloisa Zapata. Ella brinda con nosotros, estamos en una cantina y ésta es la historia de una mesera.
En una mezcla de recuerdos y acciones en presente Eloisa hace un recorrido por la realidad de esta mesera, sus deseos y su forma de líder con una realidad nada amable, pero que no mella su amor propio y su forma de disfrutar la vida, aunque eso le cueste.
Una idea se repite a lo largo de la obra: busco libertad, no soledad. Sin embargo parecen inseparables, por lo menos en ese universo. Aunque con la mano en la cintura a esta mesera se le resbala lo que debe hacer o no una mujer, de todas maneras pesan sobre ella todos los prejuicios que terminan por correrla de su pueblo.
Escrita por Aldo Resendiz, dirigida por Iliana A. García, la obra parte de las inquietudes de la propia intérprete, una constante que observamos en los trabajos unipersonales. La historia, según cuenta Eloisa Zapata, está basada en gran medida en su abuela. El resultado es un personaje de desafía los estereotipos, aunque no logra escaparse de ellos y está envuelta en una permanente violencia la cual logra esquivar la mayoría de las veces. Llama la atención que la agresiones más fuertes, las que sí marcan al personaje son las realizadas por otras mujeres. Desde el desdén con el que la tratan, al abandono de su propia madre, las mujeres son quienes ejercen la mayor violencia. Los hombres no son un peligro, ella sabe torearlos. El más difícil de todos, sin duda, es su marido pero igual se las arregla para manejarlo. Las mujeres, por otro lado, ella les saca la vuelta.
Por segunda ocasión en este festival vemos en escena discursos críticos sobre el papel de la mujer en la sociedad mexicana que no se asumen como feministas y que generan preguntas muy interesantes a un nivel humano y no de género como teoría.
Otra cosa que llama la atención, es la revaloración del costumbrismo por generaciones más jóvenes. No es la misma intención naturalista, por lo que no tienen problemas en hacer cambios de lugar o elipsis, pero sí la evocación de un ambiente, ciertas historias y la estética costumbrista de la que tanto han huido los directores de los ochenta y noventa.
