Sarah Josepha o lo que siento existe
Rafael Volta

Después de cuatro años de haber ganado el premio Manuel Herrera, y a dos de que el director Jean Paul Carstensen fuera beneficiado con un PECDA para su montar la obra, por fin se estrenó el viernes 23 de Agosto del 2019, Sarah Josepha (si tuviera el valor) de Luis Santillán.
Los tiempos de la producción teatral son misteriosos especialmente cuando el dinero escasea. Hacer teatro en una ciudad como Querétaro, tan aficionada a espectáculos menores como el stand up, los bares donde tocan covers o la comedia ligera, merece que la propuesta de La Grilla Teatrería y ArTeatral Cut consiga abarrotar las butacas.
Antes de la función, una horda de mosquitos ataca nuestros brazos dulces. En la fila, charlo con Luis Santillán acerca de la muestra nacional de teatro y su muestra crítica. El público es escaso a pesar de que la función es de gala: no siempre se cuenta con la fortuna de tener en sala al dramaturgo. Pasamos a la caja oscura y el escenario parece un patio escolar. Al centro hay dos bancas movibles y hasta el fondo, cinco chicas ensayan una rutina coreográfica sensual, mientras entonan tímidamente Jingle Bell Rock. Poco a poco van avanzando hacia proscenio y una de ellas, Sarah Josepha, toma el micrófono para decir. “Si tuviera el valor pondría carmín en las mejillas, un tono morado en los parpados y los labios los cubriría de rosa.”
Sarah Josepha es una chica de prepa, tímida e insegura de si misma por su físico, a la cual le hacen bullying las chicas guapas y populares del salón: Mireya, Eréndira y Wendy. Además, Sarah está enamorada de Tiago, el novio de Eréndira, y luchará por llamar su atención y conquistarlo con la ayuda de Alba, su mejor amiga.
La historia es escolar y en apariencia es un círculo amoroso. Pero el conocimiento profundo de la psique femenina por parte del autor se aleja de este cliché partiendo de las máximas griegas: conócete a ti mismo y encuentra tu medida. Sarah Josepha no encuentra su lugar en el mundo, pues desconoce, como es muy común a una temprana edad, su verdadera identidad y límites. Conmueven sus motivaciones por escapar de la inercia familiar y sentir el amor más puro, aunque sea platónico; y no sepa esa edad, cómo ser una mujer sensual. Uno de los aciertos en el texto es la profundización y complejidad de la protagonista y el universo femenino.
Sarah es interpretada por Roja Ibarra, quien logra una fusión total con su personaje y lo hace llorar en los momentos de mayor sufrimiento interno. La belleza de sus pecas, y el cabello pelirojo le dan un plus a la caracterización física. Su mejor amiga y cómplice es Alba (Daniela Salas) quien con una actuación limpia y sobria es el único anclaje a la realidad para las fantasías de Sarah, las cuales no son plenamente amorosas. Tiene un espíritu contaminado por las creencias de su abuela, ya que considera que la sensualidad femenina y verse en el espejo son pecado. Sarah le cuenta a Alba que hace muchos años unas chicas vanidosas fueron torturadas por una asesina serial llamada Mary. Las enseñanzas familiares recibidas distorsionan la manera en la que Sarah ve al mundo y a su propio cuerpo.
La historia se cuenta mediante un balanceado uso del diálogo y la narraturgia. A pesar de que el texto sugiere una voz en off, y que esa voz se parece mucho a la del autor, el director decidió acertadamente que tanto Alba como las antagonistas se dividieran la narración e incluso, en ciertos momentos, formaran una especie de coro.
La escenografía es sencilla. Dos bancas se mueven en todos los ejes y configuraciones posibles para cambiar de espacio y de tiempo: el texto de Santillán no es lineal y da saltos hacia atrás y hacia adelante constantemente. La iluminación con dos lámparas de un metro de altura, a las esquinas del escenario, estorba la visibilidad de las primeras gradas y resulta limitada. Hay unas luminarias colgadas verticalmente desde el techo a manera de un cielo estrellado. La constelación de la Osa Mayor da esperanza a los deseos de Sarah. Se logra una atmósfera de soledad e inmensidad, pero es un recurso parecido a lo que se hace en El amor de las luciérnagas de Alejandro Ricaño. Un clásico de la dramaturgia mexicana contemporánea que todavía hace breves temporadas en el país.
El soundtrack elegido para el montaje pertenece a épocas alejadas del drama contemporáneo que se plantea en la obra. La tonadilla del poema de la poeta Sarah Josepha Pale: Mary had a little lamb, little lamb (siglo XIX); Crazy, cantada por Patsy Cline (1961) y Jingle Bell Rock (Beal–Boothe, 1957) conforman un universo high school norteamericano, y quizá reflejan la intención del autor por romper las fronteras con su dramaturgia.
El vestuario de las actrices es de colores opacos lo que impide que la caracterización de Mireya (Lorena Ovalle), Eréndira (Jazmín Bernal) y Wendy (Karla Galván) no convenza como un trío actante provocativo y sensual. Lo que en cambio sí funciona es la transgresión física hacia Sarah ejecutada mediante una coreografía vertiginosa al subir y bajar su cuerpo hasta doblegarlo y arrastrarlo al fondo de la escena. Se agradece que la tragedia se aligere con una coreografía basada en la película de Mean Girls (2004, Mark Waters).
El texto es ágil, pero en el montaje las transiciones entre escenas se basaron en oscurecer todo el foro. Algunas veces duró tanto el oscuro que la ficción se rompe y nos hace recordar que no estamos en el patio de una escuela, sino en el teatro de cámara El Jacalón de la UAQ. Aquí es donde la dirección de Jean Paul Carstensen tiene que trabajar para recuperar parte de esa magia que tuvo la obra en su lectura dramatizada de hace dos años, y que él mismo dirigió durante el festival de la joven dramaturgia del 2017. A pesar de estos detalles, que necesitan inmediata corrección, la obra en su conjunto tiene la calidad para competir en la imaginaria muestra estatal de teatro 2019. Hasta la fecha ni siquiera ha aparecido la convocatoria.
Sarah Josepha tendrá una corta temporada hasta el 21 de Septiembre, todos los jueves, viernes y sábados a las 8pm. Lugar: Teatro de Cámara El Jacalón de la UAQ. Av. Niños Héroes. Centro Universitario s/n.

1 septiembre, 2020 @ 8:47 pm
Si aparece en una plaza es sorprendente como la gente siente que está presenciando algo especial. Lo puede cotidianizar y hacerlo obvio, pero sólo pasa en lugares donde a la masa le gusta mucho ir, parece una coincidencia. El Teatro va más allá, el teatro es estudiar al ser humano en su más íntimo envoltorio; Es descubrir de una de las manera más bella las coincidencias y las emociones de las personas. Y sacar conclusiones de ellas para presentárselas al mundo.