Se declara desierto el Premio Nacional de Dramaturgia Víctor Hugo Rascón Banda
Colaboración radiofónica de Fernando de Ita para Radio Libertad 102.1 FM de Monterrey el 30 de junio de 2018.

Esta semana la noticia nacional en materia de teatro surgió en Monterrey, con el severo juicio que hizo el jurado del Premio Víctor Hugo Rascón Banda sobre las 44 obras que se presentaron a concurso este año. El inusual dictamen se hizo más polémico al conocer que entre los participantes estuvieron autores ya reconocidos, como Martín López Brie, quien ha ganado diversos premios nacionales de dramaturgia, y José Alberto Gallardo, uno de los autores y directores más destacados de la generación intermedia del siglo XXI, quien por cierto se encuentra en París de gira artística y está escuchando éste programa por Internet.
Debo decir que la doctora Elvira Popova, el escritor regio Gabriel Contreras y el traductor y director, Otto Minera, merecen mi reconocimiento como destacada gente de teatro, pero como tuve la oportunidad de leer tres de los textos que participaron en el Rascón Banda, difiero de su juicio porque los tres, pero particularmente uno de ellos, es notable precisamente por su estructura dramática, la creación de personajes y la utilización del lenguaje literario y dramático, además de tratar un tema insólito en nuestro teatro. Naturalmente no diré los nombres de los autores porque sólo a ellos corresponde romper el anonimato con el que participaron.
La dura sentencia del jurado obliga a preguntarle a qué tipo de estructura le falta el rigor que mencionan, porque los tres saben que ya no hay un canon universal sino múltiples formulaciones del drama. En la obra que defiendo hay una docena de personajes diferenciados por su origen campesino y urbano, por su condición social, por su visión del mundo y por su lenguaje, si eso no basta para la creación de un personaje sería bueno que el jurado nos diga su receta. Porque otra de las cosas que se ha modificado en el teatro de hoy es el abandono del personaje convencional que es tan bien explotado en las series de Neflix y compañía.
No entiendo cómo López Brie y Gallardo no tengan un mínimo dominio del lenguaje dramático, luego de tantos años de escribir y hacer teatro con el reconocimiento de sus pares, de la crítica y del público. Sin duda hay dramaturgos que escriben para los premios, pero los mejores escriben para el teatro. Meter a todos en la misma bolsa les da derecho a esos autores a poner en duda la decisión del jurado.
El fallo ha revivido la crítica a los premios de dramaturgia, llamados nacionales, como la forma más cómoda y tramposa de mostrar el apoyo del estado al teatro, como lo viene diciendo maese Rodolfo Obregón hace 15 años. Ya Luis Mario Moncada y David Hevía propusieron que no se premia obra de autor sino su puesta en escena.
Se avivó también la polémica respecto a la decisión de dejar desierto un Premio en un medio en el que hay tan pocos estímulos para la creación dramática.
Para colmo, mañana se da a elección más importante del presente mexicano, así que abundaré en el tema en un próximo programa, pero hoy toca votar por el futuro de México.
NOTA:
La autora Mariana Hartasánchez escribió de manera personal al autor de esta columna, con su permiso, se publica el comentario:
Querido Fernando, al leer las palabras que escribiste sobre la polémica declaración que hizo el jurado del Rascón Banda me sentí confortada y acompañada. Envié una obra en la que estuve trabajando a lo largo de un año. Es un texto en el que sublimé oscuras pesadillas familiares y hablé sobre las relaciones perversas, dolorosas y contradictorias de tres hermanos (mis hermanos). No soy soberbia, lo sabes. De ninguna manera me atrevería a decir que mi obra merecía la presea, pero, siguiendo la línea de tus reflexiones, por lo menos puedo declarar que trabajé afanosamente en la estructura del texto y que, después de años de ardua labor escénica, creo estar familiarizada con el «lenguaje teatral». Profeso por el teatro un absoluto respeto y una devoción plena, por eso me parecieron hirientes los comentarios del implacable jurado. Considero que es importante que los premios de dramaturgia no se extingan. En nuestro país la lectura es una actividad casi marginal y la dramaturgia, género literario que ha debido pelear para legitimarse frente a los otros, no goza del favor de las editoriales, por lo que los certámenes sirven de catapulta para que la escritura dramática pueda acceder a plataformas editoriales. Declarar desierto un premio tan importante como el Rascón Banda y esgrimir argumentos tan categóricos y despreciativos sobre los textos sometidos a dictamen me parece un terrible error. De este modo se presenta, a través de un documento oficial, de un acta, una perspectiva distorsionada que enaltece a los jurados que «despreciaron» los textos y sobaja a los dramaturgos participantes. Y esto va en detrimento de todos los dramaturgos, no sólo de quienes enviaron una obra, porque los juicios asentados en el acta son tan generalizados y abstractos que inciden directamente en el imaginario que el público tiene sobre la dramaturgia mexicana actual. No quise hacer una declaración pública a través del Facebook porque, casi siempre, opto por la mesura virtual. Me he vuelto recelosa de las redes sociales y disfruto más de las pláticas tridimensionales que de las debacles cibernéticas. Aún así, no quise dejar de agradecerte el que hayas hablado con tal claridad sobre este asunto complicado y desconcertante. Te mando un muy fuerte abrazo. Mariana.
