… y nos volverán a saquear
Rubén Ortiz
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- Bueno, pues regresó el PRI, y regresaron sus prácticas gigantes y demagógicas. Y la cultura no es la excepción. Recién me entero que ahora las diversas áreas de la administración cultural plantean planes sexenales. Tal vez ustedes recuerden esta simpática iniciativa de los tiempos callistas y cardenistas que contenía ya —en dinámicas y resultados— las contradicciones de una revolución institucionalizada. Pues bien, como decía, los distintos rubros culturales habrán de hacer su plan sexenal, y es claro que aquí lo relevante no es la iniciativa de planeación sino lo que la historia nos muestra acerca de lo que estos planes son en la realidad de los gobiernos priístas. Y, como dice el clásico, si la historia se presenta primero como tragedia, pues ahora toca el turno de la farsa.
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- Y hasta donde conocemos, en el plan sexenal para el teatro ya aparecen dos elementos fársicos: el primero es que se está haciendo en lo oscurito; por lo menos hasta ahora se trata de la reunión de altos funcionarios que debaten propuestas que, por lo que se sabe de la primera, ya presagian el desfiguro. Y este es el segundo elemento: el director artístico de la Compañía Nacional de Teatro ha propuesto la expansión de su dominio, esto es que se generen compañías estatales oficiales. Sí, tal como usted ha leído, se trata de duplicar la iniciativa federal a nivel local.
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- Y, caramba, pues yo creo que antes habría que hacer una evaluación de la Compañía Nacional, donde por lo menos, no participaran ni los autores ni los actores ni los directores ni los diseñadores que han trabajado en ella.
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- Pero aún más, la pregunta es urgente: ¿vale la pena repetir el modelo homogenizador en las entidades? ¿Quién va a pagar las compañías?, ¿de dónde van a salir los recursos? Y la pregunta más importante: ¿es éste el modelo idóneo de fomento al encuentro entre pieza artística y sociedad?, ¿cómo entra esto en contradicción con los pilares propuestos por Tovar y de Teresa para la administración cultural: reconstrucción del tejido social e impulso a industrias culturales?
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- Yo, de entrada, digo que esto está muy mal. Estamos en el mismo tipo de discusión que con los 500 teatros. La demagogia no hace cultura. El análisis de contexto ayuda mucho a comprender que este es un país muy grande con diversidad de problemáticas que no se solucionan con plumazos unificadores. ¿Cómo va a restablecer el tejido social una compañía oficial, si cada artista en cada comunidad se enfrenta a circunstancias específicas? ¿Qué tiene que decir con respecto a la autogestión y autonomía un proyecto privilegiado por el Estado?
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- Además, como ha sido patente, este tipo de instituciones rápidamente reproduce los propios problemas que se quisieran contrapesar con el arte. Para muestra, las faltas administrativas que tuvo (y tiene) aún la Compañía Nacional. El nepotismo, el tráfico de influencias y la prevaricación continúan actuando en su organización, a lo que se suma el estigma más dañino para el país que se llama impunidad: en cualquier país decente, el director hubiera tenido que renunciar (primero por vergüenza propia, de la que, por lo visto Luis de Tavira carece; y segundo por petición de los mandos superiores). Pero no, y por las mismas razones por las que no se amonesta a diputados, senadores o funcionarios, este señor está tan campante, demostrando que en México las reglas se hacen para presumir que se las ha violado.
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- Pero además sabemos que los actores hace tiempo que dejaron de trabajar exclusivamente para la compañía: lo mismo se les ve en telenovelas que en otras producciones. Pero, igualmente, nada importa porque nadie audita. Y así…
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- Y esa es, digo, la primera iniciativa a la que, para variar, nadie le pone reparos; pues a Tavira nadie le replica. Yo no sé por qué. Pero, me preocupa más que estas reuniones que administrarán los bienes de todos con respecto a un teatro que hacemos todos, se sigan haciendo desde las cumbres del organigrama. Quién sabe si los funcionarios han leído las propuestas que se publicaron a principio de año en
Paso de gato, pero también quién sabe si se les ocurra escuchar a las voces que hacen teatro en su propio contexto, a quienes medidas así afectan directamente.
- Pero, todavía más me preocupa que la gente de teatro se encuentre tan tranquila.
