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Luis Enrique Gutiérrez O.M.
Dicen, muy ingenuos, muchos electores indecisos, que están hartos de los ataques entre los políticos y que esperan que alguien los convenza con ideas claras sobre cómo va a mejorar esto que antes era un país y ahora solo conocemos por México sin poder definir exactamente en qué se ha convertido. No entiendo, ni siquiera me cabe en la cabeza cómo, cualquiera de los candidatos, con ideas claras, puede convencerme de que realmente no va a ejercer su derecho a vaciar las cuentas nacionales y masacrarnos con pretextos cada vez menos creíbles. En el asunto de las ideas, a que se ha visto más pendeja, menos contundente y extremadamente dubitativa, ha sido la campaña de Josefina, y aclaro que no estoy hablando mal de ella porque tenga nombre de fámula enojona. El caso de la simpática caricatura que es Quadri, el asunto es más grave, porque en el debate lo dedicó a soltar puros lugares comunes salpicados con lo más ingenuo que tienen las derechas. Lo grave no es eso, que tarados facistoides en la política abundan, lo malo es que sus ideas pegaron, por lo menos durante los tres días que los convencidos tardaron en recordar a la dantesca Elba Ester. Pero no por estos dos, una que solo suelta madrazos a lo idiota y otro que se la pasa chillando que no se peleen los grandes, no por estos dos vamos a creer que no hay ideas en las campañas. Peña Nieto y López Obrador han soltado algunas muy precisas, y no me convencen. No me convence Peña Nieto porque vivo en un estado que representa el PRI como mi generación y las siguientes conocemos casi por los libros: corrupto, autoritario, coludido con al delincuencia y mapachón a más no poder. Un PRI que nos considera ingratos por no reconocer todo lo bueno que hizo por nosotros durante setenta años, que piensa que las obligaciones del Estado son un favor a la ciudadanía y quiere que pensemos que sus crímenes continuados fueron producto de su tiempo. Olvidan que su tiempo fue el tiempo del PRI, un torbellino vicioso del que no pueden escapar. El caso de López Obrador no merece mejor nota, cuál es la idea que pueda borrar de mi cabeza cuando le levantó la mano al tristemente famoso Juanito. No puede decir que la manera como manipuló impune y cínico el sistema electoral fue un ataque de sus enemigos políticos o las televisoras, no puede pedir que olvidemos semejante atropello.
Lo único que va a determinar mi voto, a falta de un candidato inteligente, sería la suma de dos pendejos. Si López Obrador y Josefina, se unieran en candidatura, si demostraran que tienen la capacidad política para olvidar sus diferencias y encontrar puntos de contacto (que son muchos más de los que pensamos), demostrarían mucho más de lo que pueden demostrarme con ideas.
No creo en la democracia, me parece facilona la exculpación que la presume como el menos jodido de los sistemas de gobierno. Será el menos jodido, pero también es, por mucho, el más manipulable modo de gobierno. Creo en la dictadura de los ciudadanos, en su organización horizontal que pueda generar una posición de fuerza para enfrentarse al mal estado. Tengo mis dudas todavía sobre el estudiante ciento treinta y dos, tengo mis dudas, pero hoy por hoy, es lo que más se parece a mi ideal político. Pareciera que su versión 2.0, una que genere algo de estructura sin perder la horizontalidad, sería capaz de mantener fuera de la silla a cualquier pendejo por más urnas que embarace.
