Clásicos del siglo XX
Dos clásicos mexicanos del siglo XX se presentaron en el 20° Encuentro de Teatro del Interior Rosa de dos aromas de Emilio Carballido por el Grupo de la Casa de la Cultura de San Juan de los Lagos y Los perros de Elena Garro por Teatro CUNorte de Colotlán.
Una conocida obra de Carballido que yo en mi vida he leído —no sé si decirlo con orgullo o con vergüenza, seguro un poco de las dos— y que al perecer era una obra recurrente en pasadas ediciones del Festival, incluso hasta con dos diferentes puestas en escena. Lamentablemente, el director del grupo, Juan Carlos García de la Cruz, no pudo estar durante el Encuentro, ni en la charla posterior a la función, por lo que lo único que sabemos del grupo es por voz de dos integrantes que ni siquiera eran parte de la obra presentada. Nos comentaron que es el único grupo de San Juan de los Lagos, que tienen más de 30 años y que su cometido principal es ser una familia.

De la puesta en escena de Rosa de dos aromas no se puede decir mucho, la teatralidad está mal entendida, aunque claramente hay mucho entusiasmo por parte de las actrices. Lo más rescatable es verlas a ellas disfrutando estar en escena.
Después vino Los perros, un texto estático y siempre en el borde del melodrama. El año pasado este grupo dirigido por Javier Padilla presentó una obra entrañable y brillante en su sencillez, con muchas carencias actorales que la dirección resolvía, de modo que presentaban un trabajo ágil, solvente y muy disfrutable. Por esto, temí por el montaje de Los perros, pero Padilla calló mi desconfianza con una puesta en escena muy madura, paciente y que lograba hacer vivir el texto en escena. Con muy buenas interpretaciones, Cruz Angélica Saldaña logra una niña de doce años sin excederse en la infantilización y logrando matices.

María Fernanda de la Torre, con el complicado personaje de la madre, logra muy bien la ternura tan descuidada en este personaje. Aunque todavía es una vasija con mucho espacio, que falta profundizar más en la construcción de la madre, de la Torre nos otorga una interpretación muy limpia, sin pretensiones ni exageraciones melodramáticas. Después nos comentó que tenía una compañera huachichil en la facultad con una historia similar y que era no solo su principal referente para el personaje, sino también una motivación para hacer esta obra que, desafortunadamente, sigue vigente.
Este grupo fue entusiasmante en muchos sentidos, por su hambre de saber, de mejorar, por su entrega, por su claridad de querer hacer teatro y que esto signifique algo. Me pregunto en qué momento deja de interesarle a alguien aprender y compartir experiencias, por qué hacer teatro durante 30 años con tan poco interés por el teatro mismo. Afortunadamente, estas actitudes fueron la excepción del Encuentro.
