Encuentro, encuentros y rencuentro: Crónica ETI 2017
Miguel Ángel Contreras

A mi manera, con mis modos cuento algo, porque sucedieron muchas cosas y algunas están de más. Y porque la «contención» en un actor es importante. Ya lo dijo en una noche muy especial, alguien que con unos tragos de más, puso a nadar su cerebro y señaló con todo el histrionismo que no tiene: «Porque soy actriz y me contengo».
Luego de una gestación inducida y parto de tres días, nació un texto dramático que nos dió la oportunidad de ser seleccionados en el Encuentro de Teatro del Interior (Luna no te vayas, Muerte no me dejes). Las vicisitudes del montaje, los ensayos y presentaciones previas a irnos al evento mencionado nos dan para otra crónica, digamos a grandes rasgos que fueron tan accidentados como un vestido amarillo que se le chinga el cierre antes de salir a escena y aun así se ve chido, y nadie se da cuenta (eso creo).
Nos citaron dos días antes del arranque de la contienda para lo que llamaron «Encuentro con los creadores». Entre el calor sofocante de mayo y los anaqueles con libros de la biblioteca donde se realizaron estas reuniones, se crearon lazos, se inventaron redes y pude conocer personas ahora entrañables y personajes muy particulares, entre ellos mis nuevas amigas de Ciudad Guzmán, a quienes bauticé como las hijas de Arreola.
Llegó la noche de la inauguración. Todo mundo catrín, o con sus mejores trapitos, evitando que no se le notara lo arrugado de la maleta. ¿Quién alcanza a planchar y a estar listo en media hora?. La jefa (Gabriela Escatell) guapísima con un vestido que mostraba sus torneadas piernas, rematadas con un par de zapatillas con lazo en forma de moño. Pasaron un vídeo que recordaba pasadas ediciones y celebraba veinte años del encuentro. Esa noche continuamos la fiesta en Fonda Murales Lagos y ahí, entre sus paredes repletas de objetos y frente a la mirada atónita de San Antonio (de cabeza por cierto), la actriz que no es actriz, dijo sosteniendo un cantarito con pulque la famosa frase de la «contención». Por cierto esa noche descubrí que los gatos son humanos y que las pequeñas cosas pueden ser grandes y extraordinarias, fui niño nuevamente desde una butaca del teatro*.
Entró la semana y se vislumbró luminosa con la presencia pequeña y extraordinaria (como la obra que habíamos disfrutado todos la noche anterior) de Maribel Carrasco. Punto y aparte: que genial. Gracias por el taller, gracias MAESTRA. Por la tarde llegó LEGOM con una de sus obras en el taller de «lecturas dramatizadas». Textos que fueron reveladores, y más el del autor que mencioné. Con su obra Si una noche o algo así me permitieron dirigir a tres chingones de la escena. Aquí aplica la frase de Jaime Humberto Hermosillo: «Yo soy buen director de buenos actores».
Y llego el día D. Martes, presentación. Master Class de iluminación por la mañana junto con los amigos de Jalos. A toda madre el compañerismo y la generosidad de los chavos de Centro Centro. Por la tarde, todo listo, no, se chingó una lámpara. El nervio previo a salir a escena, que se agudizaba con La Llorona en nahuatl como música de fondo. Íbamos a pasarla bien, así lo planteamos entre nosotros desde un principio y lo hice público en una entrevista previa, que agradezco a Juan Carlos Álvarez Maldonado.
La libramos, todo bien, abrazos, gracias a mis musas: Fabiola Nuño Jimenez e Isabella Contreras. Muerte y Luna, la hicimos y no lo padecimos.
Trascurrió la semana. Con la excepción de una tarde muy especial. La oscuridad de la sala, la complicidad del teatro, el nervio, mi revelación y el remate en una declaración que terminaba diciendo «…Cabrón». Luego vino la solicitud de la plancha y la complicidad, el pretexto y la situación que invitaba a más. Por la noche, el uno más uno. A la 1:01 a.m.
Hay obras que te hacen reflexionar, pensar, que te retan, te confrontan. Pero también están esas que supones te harán reír y pasa lo contrario. Ni modo pendejo, te han movido el tapete…
Sábado, Si pidieras un deseo ¿Cuál sería? No lo sé con exactitud, compa, porque son muchos, gracias por preguntarlo. Qué obra tan reveladora.
Ultimo día de lecturas dramatizadas, se nos enfermó uno de los actores y somos los últimos en presentar. Nos quedó re bonito, aunque me hizo falta el lobo de los corderos (Jonathan Esparza, actor de la obra En la tierra de los corderos). Cómo gocé estar al lado de dos grandes, no fui su director, simplemente los acompañe: Marisol Méndez y Wally Lobatto y cómo lo gocé… Los quiero un chingo. Marisol préstame tu abanico para espantar mis temores, «maita de veras…»
SÁBADO con mayúsculas, porque tiene peso sentimental este día. Por la mañana, Anita la huerfanita que fue perseguida por los «perros» en el desmontaje o retroalimentación de las obras, que se realizaron en la sobremesa todos los días del encuentro (los que saben qué sucedió, me entienden).
Viaje de tres del Maestro Mosco. Su visión del espacio, la confirmación de su estética, la estrategia perfecta para amortiguar el nervio previo a la premiación.
(Nota: Cambio en tiempo verbal, por aquello de la evocación del momento).
Nos declaran, sin contrincantes en la terna, mejor vestuario y subo al escenario apendejado, somos ganadores. Me tengo que quedar en proscenio, me siento idiota, se me pasa cuando se nos declaran nominados en varias categorías. Y de nuevo ganamos, Mejor Producción, que bonito suena. Para recibir el premio hay que pisar la arena de la escenografía de Viaje de tres, que simbólico: arena, viaje, pero no solo de tres. Yo en la lela escuchando las categorías, nominados y ganadores. Y tómala, mejor dramaturgia original. ¿Yo? es ¿Neta? Anda cabrón. De verdad no lo esperaba. Hay quien dice que se me notó la cara de «What?»
Todo chido, las felicitaciones, los abrazos y algunas fotos. La charla breve con el jurado. La cena y la fiesta. El «after» un horno, y mi corazón «carne en su jugo». Yo, en modo idiotizado y el reggaeton que no bailamos. Mi carota de ya me quiero ir. Bendita cama que pones todo en orden y das esperanza en la madrugada.
Domingo por la mañana: La despedida, la nostalgia anticipada. Las maletas repletas de recuerdos, los adioses, la posibilidad de un reencuentro. Caras tristes, la resaca y la desvelada.
Gracias, por encontrarnos, reencontrarnos y dejar huella.
Sin detalles y a grandes rasgos un encuentro con afortunados reencuentros y bellos descubrimientos.
Estoy en casa, frente a la compu, con tres mezcales encima y añorando. Pensando en el próximo encuentro.
Gracias a los involucrados, voluntariamente, burocráticamente y por sobre todo a los que la magia del teatro nos encontró en el ENCUENTRO DE TEATRO DEL INTERIOR Jalisco. Lagos de Moreno 2017
Ayutla 29 de mayo 2017
*La obra invitada para la inauguración fue Cosas pequeñas y extraordinarias de Proyecto Perla
