La Muestra en la Muestra

Antes de comenzar la Muestra Nacional de este año, el Rinoceronte Enamorado —uno de los bastiones del teatro nacional y por supuesto de San Luis— hizo público que no participaría en ningún evento de la Muestra y compartió una serie de reflexiones al respecto que también publicamos en Teatromexicano. Nos parece que siempre es necesario cuestionarse la pertinencia de estos programas y su impacto. Lo entiendo especialmente en San Luis porque en una década ha sido sede en tres ocasiones de la MNT sin que se convierta en una política cultural el apoyo a las artes escénicas. San Luis Potosí tiene una actividad teatral estable pero pequeña, extraño para una ciudad con grupos sólidos y licenciatura en teatro, es importante cuestionarse qué pasa y evidenciar la hipocresía de un gobierno que solo quiere «venderse» como un estado que apoya la cultura, pero solo a través de grandes eventos y no en la construcción de programas y políticas.
Por otro lado, creo que faltó llevar la discusión al centro de la Muestra, pues quedó como un reclamo lateral, con argumentos sin escuchar e imprecisiones. Uno de los argumentos del Rinoceronte fue el gasto de tres millones de pesos que aportaría el estado y que nunca se invierten en las artes escénicas locales, sin embargo, al final esa cantidad —o la mayor parte, no sé— provino de un donativo de Banorte. Quedaron cosas por discutir que todavía son pertinentes en vista del inminente recorte, esperemos podamos dar seguimiento a la discusión en otros canales.
Al final la MNT es un espacio institucional, sí, pero se construye con nuestra participación. Lo más emocionante de las dos últimas ediciones es el programa de becarios, jóvenes de todo el país que revitalizan las discusiones y que se llevan a casa una percepción diferente del teatro nacional. No me parece poca cosa, creo que el sentido de una Muestra Nacional sigue cambiando y hay que seguir cuestionándolo. Entre más abierta y frontal sea la discusión será de mayor beneficio.
La 37° edición ha sido una de las Muestras más relajadas a las que he asistido —que ya son once, no tan poquitas—. Me explico, nunca escuché decir a nadie «por qué programaron esto» o «cuál es el criterio de selección» que son dos de los hit parades de las Muestras. En general obras muy interesantes, tanto grupos jóvenes como creadores consolidados, una programación muy equilibrada. Donde siento que faltó algo de discusión fue en el ERI (Espacio de Reflexión e Intercambio), ya que fue muy expositivo, al igual que el Congreso en sus sesiones abiertas, pero que presentaron avances claros y concretos de sus sesiones de trabajo.
En cada sesión del ERI, los becarios participaban ampliamente, de hecho nunca tuve la oportunidad de sembrar la endromia —como dice Alba que dice no sé quién. No sé qué significa pero suena chingón— porque no me dejaban hablar. También vi participando y asistiendo a las mesas a la mayoría de los grupos programados, a pesar del infame horario en que se daban las actividades.
De la anterior generación de becarios, cuatro que conozco asistieron a San Luis con sus propios recursos, voluntarios y participantes de la pasada edición también asistieron, había autobuses completos de Aguascalientes y Michoacán, que fueron los que identifiqué, pero no dudo que hubiera más. Me parece que los alcances de la MNT se piensan a corto plazo, si no hay acciones inminentes, inmediatas parece que no pasa nada. No es así, pienso en lo que comentaba Patricia Estrada en su intervención en el ERI, sobre cómo conocer modelos y formas en que los grupos resuelven (mencionó a La Rendija de Mérida y al Rinoceronte de SLP) le abrió un panorama que hoy cristaliza en su trabajo. Gran parte de eso sucedió en las Muestras. Pienso en Campeche que hasta el 2010 tenía un promedio de 10 obras al año y después del paso de la Muestra en 2011 se duplicó. No fue inmediato, en 2011 (el año de la Muestra en Campeche apenas se presentaron 12 obras, el año siguiente 15, apenas reconocible el incremento, pero para 2013 ya fueron 34 obras.
Pienso también en la ruptura que hay entre los teatristas, generacional, geográfica, estética, ideológica. Me he encontrado —no pocas veces— que la forma de mirar a la Muestra es celosa, pensando que es un espacio cerrado se cierran ellos primero, calificándolo sin siquiera haber asistido. Veo que las personas que asistieron siendo todavía estudiantes, ya sea con obra o por sus propios medio tienen una relación con el teatro nacional diferente, no esperan que les otorguen espacios, los hacen. Si les interesa el trabajo de alguien, se sientan con él y le preguntan. Sin duda, así me pasó a mí.
Percibo una promiscuidad muy alentadora, a nivel nacional, de manera más cotidiana que antes. Simplemente en esta programación vimos a David Jímenez con un grupo de Tamaulipas; a Raquel Araujo con teatro comunitario en Guanajuato; a Ricardo Rodríguez, Martín Acosta y Jorge Vargas dirigiendo grupos de Xalapa y a Sixto Castro con un montaje de Aguascalientes, sin contar el montaje de Chimpancé, una máquina biológica, donde no solo los directores se trasladan, sino el reparto vive en tres ciudades diferentes (Monterrey, CDMX y Xalapa). En buena parte se debe a los diferentes encuentros y muestras.
A diferencia de la Compañía Nacional, la Muestra sí ha cambiado a partir de la reflexión. Aunque no todos estemos de acuerdo, aunque no sea perfecto, esto es algo poco usual en el país. Deberíamos procurar que suceda más seguido, en más ámbitos.
