Anexo a la Memoria del Segundo Encuentro de Creadores MET Jalisco 2016.
Rubén Ortiz
- Mientras escribo estas líneas, el gobierno federal anuncia un recorte en el presupuesto general que implica la reducción del 80 por ciento de los recursos con los que se apoyaban los Institutos y Secretarías de Cultura de los estados; asimismo, se presentó la reglamentación para la nueva Secretaría de Cultura que, como se pensaba, deja al sector en peor estado de precariedad -si tal cosa fuera posible. En este sentido, las iniciativas para pensar juntos cómo encarar el presente no resultan simplemente pertinentes, sino de gran urgencia.
Primero, como una posibilidad de mapeo y ejercicio de conocimiento acerca de dónde se encuentran las prácticas artísticas en su relación con el Estado, lo cual permite generar iniciativas de exigencia y diálogo puntuales. Iniciativas que, además, tienen que comprender las dinámicas y lenguajes del quehacer legal y burocrático, en aras de encontrar vacíos, componendas y faltas, pero también propuestas con suficiente complejidad y capacidad de incidencia en la realidad.
Segundo, como una ubicación del quehacer artístico en su relación con la población a la que, supuestamente, dirige sus productos. ¿Estamos realmente relacionándonos con la población? ¿A qué nivel? ¿Cuáles son los impedimentos? ¿Son estéticos, políticos o económicos?
Tercero, en relación con el propio gremio es también urgente una revisión de los usos y costumbres heredados y aún actuados ¿Somos conscientes del sentido de nuestras prácticas consetudinarias con respecto a otros compañeros? ¿Estamos dispuestos a seguir fomentando la competencia y la maledicencia? ¿Somos capaces de generar un diálogo crítico a la altura de las circunstancias? Y, finalmente, ¿tenemos la iniciativa de imaginar y realizar prácticas solidarias que sean capaces de encarar la situación presente?
Y, sin agotar las posibilidades: cuarto, ¿cómo hemos generado nuestras dinámicas con la iniciativa privada? ¿Tocamos al son que nos marca el ímpetu de la ganancia a cualquier precio? ¿Tenemos una relación adulta con empresas de manera que puedan entender que la cultura no es una mercancía, sino lo que hace posible que la sociedad permanezca viva?
- Es necesario señalar que uno de los argumentos más repetidos para iniciar un diálogo gremial reza que ya se ha intentado y que todo termina en el consabido Muro de los lamentos y una mayor división que con la que se inició. Esto, lo podemos ver ahora, ha tenido que ver con un imaginario de dinámica que tiene a la asamblea como espacio privilegiado de encuentro; así como un enfoque que suele confundir estética con política y pierde de vista el bien común. Si bien la asamblea es una herramienta indispensable en ciertos momentos de la organización común, obstaculiza la posibilidad de diagnosticar y agendar. En este sentido, la metodología de trabajo de estos primeros dos encuentros ha resultado -perdonen la exageración- el gran hallazgo político. Primero, al discernir la problemática común en términos laborales que, sin embargo, no deja detrás los demás aspectos del contexto de la práctica artística. Segundo, al diseñar una serie de pasos que llevan desde el diagnóstico y la ingeniería de reparación hasta el establecimiento de pasos claros y agendas concretas de trabajo. Se trata de una metodología que deja de estar aferrada al pasado, pero que le permite rescatar lo útil y próximo, así como dar paso a las novedades que surgen de un diagnóstico complejo.
- En este sentido, en el segundo Encuentro se ha llegado a una herramienta de grandísima importancia: el llamado Tablero de trabajo es un verdadero mapa capaz de ubicar las posiciones de las problemáticas y su nivel de complejidad. Se trata de un mapa de guerra que permite el diseño de estrategias con un alto probabilidad de éxito; permite, asimismo, ubicar las alianzas necesarias para la victoria de cada batalla y saber, también, cuáles no se pueden realizar con los recursos disponibles pero cuantificar aquellos que se pueden obtener.
Pero no sólo eso, también ubica el trabajo cotidiano del ciclo de creación y producción en relación con el marco y las dinámicas institucionales que se alían para su existencia.
Todo este trabajo, hay que decirlo, proviene de la delicada preparación de ambos encuentros y el tino de los organizadores por realizar talleres con las personas que trabajan en dichas instituciones: funcionarios, burócratas y técnicos; así como de los saberes de Verónica López y Teófilo Guerrero.
No se puede dejar de lado la aportación del diseño de Gerardo Daniel Padilla para que podamos tener este Tablero en sus coordenadas X y Y.
- Vale resaltar que en el primer Encuentro hubo cuatro tareas propuestas, de las cuales fructificaron tres que encarnan en el Primer Encuentro de Artes Vivas (Investigación), la Escuela del espectador (Formación de públicos) y el ENTE (Encuentro de Estudiantes de Teatro) . Que esto haya sido posible es resultado del empeño de quienes hicieron el seguimiento y realización de cada proyecto, pero sin duda también del respaldo que debieron sentir de su comunidad. Y este es el punto nodal para mí: bajo usos y costumbres inmensamente divisorias y personalistas, las comunidades han perdido lo más básico: la confianza. La confianza no sólo como una palabra bonita, sino como un bien común fundamental que implica otra manera de mirarse a la cara, de acercar la mano, de arrimar el hombro. La confianza como la posibilidad de que los cuerpos aparezcan compartiendo un momento, el presente, el lugar a donde todo llega y del que sale todo; el lugar que se construye con nuestras voluntades, las tristes de lo que nos han impuesto o las alegres de las que deseamos ensayar. Todo depende de nosotros.
