Hombre, mujer o de qué se trató la obra
Hasta ahora sigue retumbando en mi cabeza la duda del ¿qué es lo que el director o el equipo de la puesta en escena Hombre, mujer o quimera querían decir?
En la puesta, como su título lo dice, vemos a un hombre hetero y a un par de gays haciéndose pasar por lo opuesto, todo para hacerle, el favor a la amiga o simplemente por querer ligarse al galán de la obra. En la sinopsis hay un pequeño esbozo de lo que, quiero creer, pretenden, y dice algo así: la constante de la vida, la eterna búsqueda del amor y de las ganas de establecerse con una persona, colocan a cada uno de los personajes en complicadas situaciones que terminan en la cama.
La única situación verdaderamente complicada, para mí, fue que era una obra larga y sin ritmo. La obra caía y yo nomás no veía el desenlace de esta comedia de enredos. Una comedía donde el referente principal eran las actrices de telenovelas o cantantes, y me dejó con un sabor de boca muy superficial, muy del chiste masticado. Lo que no entendí de la obra fue el principio, donde los actores (Olivia Ríos, Rafael Guzmán y Carlos Romero) iban en chinga y los textos eran apenas audibles y atropellados.
Aquí haré una aclaración, este tipo de textos no son de mi agrado, un texto simple donde lo que proponen los actores o en su caso el director es simplificarlo más, como si su única búsqueda fuera la de hacer reír al espectador a como dé lugar, pero como teatro bar puede funcionar.
Algo que he de reconocer, pese a que no me guste el texto o los chistes de la farándula, es la naturalidad de la quimera Lolis (Carlos Romero) para aprovechar y sacar un nuevo chiste porque era evidente en la cara de los demás actores cuando la Lolis improvisaba, pero de nuevo, se abusó del recurso, como también de los agudos y tonos chillones.
Me pregunto si este grupo tendrá interés en un espectador en específico o es para todos abogando a nuestro rato donde nos ataca la simplicidad. Yo no pude sentirme a tono con el buen bonche de público que reía (cara triste).
Pasando a la parte de la búsqueda del amor y esas ganas de establecerse… pasa a un muy lejano segundo plano, o ¿será que yo vivo el amor de otra manera? y más cuando nos llega la tortuosa idea de que es momento de planear la vida en pareja y todo parece un calvario. Toda esas ideas que podrían llegar a ser confrontantes y se pasan de largo. Es que este montaje se pudo hacer en menos de dos horas, pero entre tanto chiste y chiste y chiste, el ritmo y el tiempo se les fue. Una comedia que pudo ser más concreta.
Si quieres reír un rato, muy a modo del Corral de la comedia, ver un espectáculo donde no te implique pensar más allá de tus referentes telenovelescos, donde puedas disfrutar de un taco de ojo —porque el muchachón Joel (Víctor Quintana) no estaba para dejárselo al perro—, este puede ser un espectáculo para ti, que teatro hay para todos los gustos y disgustos.
Oscuro final. (suena “last dance” de Donna Sumer)
