Por qué la bravuconería de Paso de Gato contra Obregón
Ruben Ortiz
Las explicaciones sobran, los argumentos no. Y quiero dar los míos como lector o como testigo. No es extraño que existan suspicacias con respecto a los beneficios de los demasiados contratos de la empresa de José Sefami con la CNT y la relación de estas empresas con Jaime Chabaud. Sefami contesta que, por ese lado, no hay asociación con Jaime. Bueno, le creemos, repuesta otorgada. Y lo que sigue a continuación es ya una intimidación sobreactuada: se lee mal el artículo de un reglamento y se acusa con el petate del muerto. Por qué la bravuconería? Misterio.
Luego viene la acumulación de diatribas de Chabaud. Diatribas digo, que no argumentos, porque para variar, estos no aparecen. Primero: Jaime se dirige a Nadie con el más pobre de los discursos de la censura: «al gremio que tanto desprecia Rodolfo Obregón», y en una frase así de melodramática se quiere descalificar la crítica y a quien la ejerce de manera harto conocida. Los maestros son «revoltosos» y los que dicen fraude son «malos perdedores», por ejemplo. Hay mucha literatura sobre este tipo de descalificación que protege el status quo.
Segundo: yo estuve allí y Jaime no. Trabajé en el proyecto editorial del Citru delineado por Rodolfo y que logró que en los primeros cuatro años duplicáramos -en número y en calidad editorial- lo que la institución había hecho en toda su historia anterior. Luego, cuando se me pidió mi opinión sobre la continuidad del proyecto, dije lo que me parecía obvio: tenía que continuar y se precisaba de un editor que conociera la dinámica de trabajo con los investigadores, que tuviera vasta cultura teatral y experiencia en el campo de trabajo. Surgió el nombre de Rodolfo y de si aceptaría descender su escalafón y si aceptarían las autoridades nada se sabía. Aquí Rodolfo explica que sí se pudo.
Tercero: yo estuve allí y quizá Jaime. Era 1995?, en el encuentro de jóvenes directores y dramaturgos en el Foro, cuando Rodolfo describió la crisis financiera de Repertorio y pidió asistencia. Acto seguido, el gran bucanero Mauricio Jiménez saltó a la proa del barco para pedir la recaudación de firmas de apoyo; Rodolfo, más realista, sugirió que se envainaran las espadas y se se sacaran las carteras: la revista podría vivir de suscripciones. Aún recuerdo el silencio siguiente y que el número por venir de Repertorio jamás salió. Si Rodolfo no supo en ese momento hallar los recovecos burocráticos para financiarse y Jaime sí, pues qué malo para nosotros porque perdimos Repertorio y qué bueno para nosotros porque tenemos Paso de gato. Lo demás es una calumnia de una furia mal contenida.
Cuarto:, a la calumnia sigue la infamia cuando Jaime dice que Rodolfo «ayudó a que se perdiera el Foro». Esto me ofende personalmente, ante todo porque me quita un crédito que me había otorgado la conjunción de la ignorancia con el resentimiento, pues muchos dijeron -sin argumentar- que yo había hundido al Foro. Las cosas no sucedieron así y este no es lugar para describirlo, pero lo que importa aquí es que sí atestigüé innumerables charlas entre Rodolfo y Margules donde el primero subrayaba que se quedaría en el Foro hasta el final. Y Margules, me consta y me requeteconsta, midió el calibre de la fidelidad de Rodolfo. Que Jaime saque el tema y urda una mentira sólo exhibe el calado de su bajeza. Lo cual no debería sorprenderme y perdonen el paréntesis.
El asunto de la carta original mencionada (puede leerse en: http://bit.ly/12KKUhP Affaire CNT-Paso de Gato en las respuestas de Sefami y Chabaud me compete de diversas maneras, pues una mañana recibí una llamada de Jaime en la que con muy malos modos me preguntaba si conocía la carta, le dije que sí; me preguntó si yo la había escrito, le dije que no. Me preguntó si yo sabía quién la había escrito, le dije que sí; me preguntó si le daría el nombre del autor, le dije que no. Colgó sin despedirse. Horas después me volvió a llamar todavía más furioso exigiéndome el nombre del autor de la carta, pues me mencionaba en ella, le contesté que eso no era asunto mío y que, por otra parte, yo estaba de acuerdo con la carta: Jaime se había saltado al Consejo para darle un espaldarazo a la CNT. Colgó y no volví a saber de él en más de un año. De manera que después de siete años de recibir una puntual llamada trimestral a Consejo, en un año no recibí ninguna y, al seguir viendo mi nombre en la revista, pedía a la editora, en nombre de la decencia, que lo quitara. Por tres personas muy cercanas a Jaime, supe que me había aplicado la ley del hielo como chivo expiatorio de sus rabietas. No quise poner esto en letras hasta ahora principalmente porque, cursi como soy, puse por encima el afecto que siento por la familia de Jaime y porque los lavaderos me fatigan. Así pues, a la renuncia de Rodolfo la dirección y subdirección de Paso de gato otorgan: una negativa, una amenaza, una calumnia, una infamia y un asesinato civil. Poca cosa si pensamos que el resorte del asunto está en el papel que la revista quiere jugar como órgano oficial y tapadera de una institución que para muchos de nosotros representa al país que ya no queremos más.
Por lo demás, si quiere Jaime darme muerte civil de nuevo, lo aceptaré con gusto; ya lo hizo una vez y resucité al tercer número
