El hilo negro según Sáizar
Eduardo Cruz Vázquez
Con la “prensa nacional” como interlocutor de Consuelo Sáizar con la sociedad mexicana, y en particular, con la “comunidad cultural”, la titular del Consejo delineó ante reporteros algunas ideas más para la gestión que encabeza. Habrá que agradecerle su intento por brindar una visión “integral” y por evidenciar que poco más de ocho meses de gestión le han servido de poco.
Son muy variados los elementos que ofrece para el análisis y nos ocuparemos por ello de unos cuántos. Hay que señalar que muchos de sus propósitos han estado presentes a lo largo de los años. Que por lo tanto no son novedades de su autoría, pues numerosos especialistas y a reciente data, el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM-Xochimilco, han insistido en su abordaje. Por lo demás, son facturas pendientes y bochorno habría de darle por ofrecerlos como moneda de cambio.
El hilo negro (le llama ¡acta de nacimiento!) de dotar de personalidad jurídica al Consejo, vuelve a adolecer de perspectivas que propongan un debate a fondo y plural del andamiaje legal de la institucionalidad.
Al soslayar la dinámica transversal que la acción del gobierno impone en eso que llamamos sector cultural, anuncia un veto a gran cantidad de pendientes que tienen variados protagonistas. La exclusión queda entonces como rasgo distintivo de lo que, esperamos, sean sus pocos años de gestión.
Anunciar una reestructuración de la dependencia sin enfocar sus características, suena a retórica para medir y encubrir intereses. Hasta el momento de escribir estas líneas, las delegaciones y secciones del SNTE que confluyen al Consejo, no han expresado su parecer ante la amenaza que Sáizar les aventó.
Bien es sabido que la reducción del número y funciones de los trabajadores sindicalizados es fundamental para brindar viabilidad al aparato de gobierno. Lanzar la bravuconería sin una previa negociación con los involucrados o es un acto autoritario de la mano de Elba Esther Gordillo o una perla más de su mesianismo. Lo peor es que mete de por medio a la Secretaría de Hacienda en papel de mandamás y deja al Congreso en el olvido.
Después de muchos dimes y diretes, y ante el silencio cómplice de los reporteros que acudieron a “cubrir” su festín informativo, admitió que el recorte al presupuesto de su dependencia en 2009 alcanzó los mil cien millones de pesos. Ni una palabra sobre las implicaciones de tal ajuste, ni un guiño a quienes demandaron claridad al respecto.
Sáizar retomó ante la “fuente” su improcedente idea de impulsar un “proyecto internacional” para el Consejo. Y fijó su desparpajada ruta: crear un instituto cultural. No más no hay quien le diga que si acaso necesitamos de esa mole, corresponde a la Secretaría de Relaciones Exteriores determinarlo. Y que en su caso tendrían que hacerlo a la luz de lo que será la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Pero como en la cancillería duermen, pues otros hacen fiesta.
Los manjares ofrecidos a los periodistas y que al día siguiente fueron objeto de digestivos despliegues, incluyeron la tremenda degustación de un programa de adquisición de obras de arte; el anuncio de la siembra de una versión transgénica (para extirpar los males del “Sarismo Ilustrado”) del Atlas de Infraestructura Cultural y el abono fortificado que se empleará para el control federal de los recursos destinados a las entidades de la República, siempre tan necesitadas del centralismo.
Tras un breve diagnóstico de la Dirección General de Publicaciones, pidió a los mensajeros que nos dijeran a los demás que está de la patada. Ni siquiera identidad gráfica tiene. ¡20 años tuvieron que pasar para que alguien se atreviera a develar tan cruento fracaso!
¿Dirán algo Eugenia Meyer, Alfonso de Maria y Campos, Felipe Garrido, Raúl Zorrilla, Vicente Herrasti y Fernando Fernández, flamantes predecesores de Laura Emilia Pacheco en tan ahora innombrable oficina? ¿Será la solución que la misma sea absorbida por el Fondo de Cultura Económica, donde Sáizar nos enseñó lo que se hace con las publicaciones del Estado?
Y le paro con otro desplante mesiánico que involucra al mismísimo Felipe Calderón, su Jefe, y Presidente de México por tres años más. Lo desautoriza con respecto a la promesa que hizo de crear el Museo del Cine (quizá todavía en manos del fotógrafo Pablo Ortiz Monasterio).
Según la nota de Mónica Mateos de La Jornada, “Cheli” afirmó que se trata de un proyecto que no la convence y que está en revisión. “Quizá para proponer uno alternativo, pues el desafío no es abrir más museos, sino en qué proyecto se sustentan y con qué presupuesto cuentan”.
En otras condiciones del ejercicio del poder, tal salvajada en contra del Ejecutivo le hubiera costado la renuncia. Pero donde unos duermen, otros hacen fiesta.
En suma, para la Presidenta del Conaculta todo está bajo control. Será cosa de ponerse en disciplina para recibir y operar el gasto que le sea designado a su subsector. Todas sus piezas cuadran. Todos a obedecer. No hay que salirse de su guión. Tenemos líder para el resto del calderonismo. Eso sí, ni un día más, si bien hay mucho que aún está por verse.
