#MiPrimerAcoso PorUnDirectorDeTeatro
Todo parece indicar que se avecina un periodo difícil y necesario en el teatro mexicano. La tarde del domingo 29 de mayo, alrededor de 50 mujeres irrumpieron en el Teatro Enrique Lizalde (CDMX) al grito de “Fuera violadores del teatro”, para protestar contra el director Felipe Oliva Alvarado y tal parece que esta acción ha abierto la caja de Pandora.
A raíz de la marcha del 24 de abril y las narraciones #miprimeracoso, algunos teatristas sugirieron #MiPrimerAcosoEnLaEscuelaDeTeatro y #MiPrimerAcosoPorUnDirectorDeTeatro, en el momento no tuvo mucho eco la propuesta, pero ante las denuncias a Felipe Oliva y la discusión en redes sociales se ha hecho evidente que es un problema a flor de piel, que urge denunciar y que a la vez puede devenir cacería de brujas, por lo que no es nada sencillo.
En Facebook, el dramaturgo y director Martín López Brie planteó una serie de interrogantes al tema, él se pregunta-: «¿Cuántos directores de teatro se aprovechan de su posición de poder para acosar y violar actrices, actores, alumnos etc? ¿Cuántos insignes miembros de la comunidad callan o solapan los hechos por temor de no ser contratados o de ser «castigados» en el medio? ¿Cuántas víctimas aún no se atreven a denunciar? ¿Cómo se fomenta y se reproduce el sistema de jerarquías y dominaciones dentro del quehacer teatral?, preguntas que le parecen inaplazables a Luz Emilia Aguilar Zinzer: «Estamos ante un problema grave. El objetivo debe ser entender los mecanismos que permiten los abusos y la forma en la que se pueden evitar. Buscar repetidas formas de linchamiento y de confrontación no me parece el mejor camino.»
Con respecto a los mecanismos que permiten los abusos, para Rubén Ortiz, «poner el teatro en la categoría de lo sagrado es, precisamente, una mistificación que se ha vuelto pretexto de muchísimos de los abusos que ocurren en este y otros gremios.». Jovita Millán, pone el dedo en la llaga cuando dice: «si nuestras artistas no se atreven a hacerlo (denunciar) ¿cómo esperamos que lo hagan otros sectores más desprotegidos?» y parece tener toda la razón cuando Michelle Solano reclama en otro comentario: «Durante muchos años las mujeres en el teatro, y no creo que nada más entre mujeres, hemos dicho y hablado sobre diversos personajes siniestros que hacen cosas así. Y les ponemos nombres, caras, los denunciamos y los compañeros hombres han hecho oídos sordos, es más, algunos hasta han dicho: «No es cierto». Yo pienso que ahora que es tan «bien» recibido el tema, deberíamos volver a poner en el centro de atención a todos esos hombres. Debemos decir quiénes son y qué han hecho. Creo que ustedes, hombres, se sorprenderían de saber la clase de porquerías que, durante décadas, las mujeres hemos soportado. ¿Comenzamos?» Pero, por lo menos en esa cadena de comentarios, no ha aparecido ninguna acusación.
«Ya me encantaría ver acciones similares como las que realizaron en el Teatro Coyoacán (ahora Enrique Lizalde), en las funciones de TODOS los directores que han acosado y violado aprovechándose de su pequeño poder. Ya me gustaría ver a las vacas sagradas encerradas en el baño, asustadas, acorraladas por una horda de mujeres indignadas con el rostro cubierto. ¿Quién tiene el poder ahora, pendejo? La obra que representaron las mujeres en el Teatro Coyoacán es mucho más pertinente, «artística» y contundente que la mayoría de los mamarrachos que soportan los espectadores en los teatros. Bien por ellas, que no paren.», comentó Martín López Brie y yo no podría estar más de acuerdo. Ya en varias ocasiones he dicho cuán agradecida estoy de no haber nacido antes, de no haber estado en la «época de oro del teatro mexicano» de la que todos conocemos las prácticas comunes de abusos en todos los sentidos. Aún quedan muchos esperando su turno para ser «el maestro» y realizan prácticas similares al interior de su grupo.
Sí, hay que denunciar públicamente, muy públicamente, porque cómo puede ser posible que maestros que han tenido múltiples denuncias por acoso al interior de las escuelas/universidades continúen dando clases, solo con un regaño a cuestas. Sí, hay que denunciar escandalosa y violentamente, pero también hay que ser escrupulosos, con cuidado de no convertirnos en Salem y a la vez ser respetuosos con todas las denuncias. ¿Cómo vamos a lograr esto? Confieso que tengo miedo, tengo miedo por los justos que pagan por pecadores y más miedo aún de que aquellos con verdadero poder y que realmente han hecho mucho daño nuevamente salgan solo con ligero raspón.


1 junio, 2016 @ 1:51 am
Señalas algo muy cierto, Alejandra, hay directores con mucho poder que han cometido abusos diversos sobre actores, actrices, alumnos, alumnas. La mayoría de estos casos se comentan en círculos pequeños y pareciera que se asumen como algo que inevitablemente ocurre en el gremio o que es natural del teatro. Hasta donde yo sé no ha habido denuncias de abusos que se han cometido a lo largo de los años en escuelas con el pretexto de que hace falta para que el/la estudiante se convierta en actor/actriz de verdad. O en una producción, dado que se requiere violentar física y/o emocionalmente para conseguir el personaje. Quienes han cometido estos abusos no sólo han sido hombres, también las mujeres los han infligido, especialmente en contextos de educación. El caso que ha abierto el debate es una rayita de un gigantesco tigre.