Una obra luminosa
Bambies dientes de leche, escrita e interpretada por Antón Araiza, bajo la dirección de David Jiménez se presentó en el Festival de Unipersonales. Es una obra que ha circulado por algunos festivales como el Circuito de Teatro a una sola voz y la Muestra Nacional de Teatro siempre con buen recibimiento del público y la crítica, esta no fue la excepción.
Se trata de una historia muy entrañable con una dirección muy inteligente de Jiménez en la cual disocia la escena de las imágenes evocadas en el relato y al mismo tiempo están conectadas en todo momento. Los pocos elementos parecen ser meramente utilitarios a las tareas escénicas, es hasta el final —cuando el personaje revela su ocupación— en el que se entienden, así como la disposición del espacio. Una obra muy redonda que exige precisión en todo momento del intérprete pues es una coreografía de inicio a fin, reto que Araiza lleva a cabo magistralmente.
Un personaje peculiar relata pasajes de su infancia para, de alguna manera, explicarse o presentarse. Su infancia, aunque cómoda y con padres cariñosos no está exenta de conflictos e inconformidades. De entre todos los temas que se abordan en la obra, me quedo la complicidad y el sentido de ser un equipo y creo que es por eso que, pese a la distancia emotiva del personaje y sus extrañas elecciones de vida, la obra deja una sensación luminosa, casi esperanzadora.

