El hijo de mi padre: Brutal y conmovedora
Llega la mitad del Festival de Unipersonales del Área51 con la presentación de El hijo de mi padre de Adrián Vázquez, quien además imparte un taller —de unipersonales, por supuesto— dentro del Festival.

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El público de Xalapa tenía en cartelera al mismo tiempo Hijo de mi padre, Hotel Good Luck de otro teatrista favorito en la ciudad, Alejandro Ricaño en el Teatro de la Ciudad y el estreno de Star Wars. Nadie podría condenar ninguna de estas elecciones, una competencia dura para el 17 de diciembre y todas tuvieron sala llena (con sus respectivos aforos), a pesar de las posadas, las vacaciones, la lluvia y la neblina xalapeña.
Con todo y que ya había visto un par de veces El hijo de mi padre, además de las veces que he leído el texto, asistí de nueva cuenta. Es muy enriquecedor ver cómo se siguen transformando las obras de Adrian, crecen, se ajustan. Aunque no todos los cambios son positivos, es muy interesante ver las modificaciones (me parece que cada vez se engolosina más en algunas «pausas dramáticas» que no explicaré para no develar la trama al lector). El cambio más sustancial fue en el final, solo son un par de frases extras, pero dan mayor claridad.
Hasta el momento, de los trabajos de Adrian Vázquez éste es mi favorito y cada vez que lo veo o leo me detona diferentes reflexiones. Esta vez pensé en la forma de abordar la violencia y el efecto que produce. En estos días en que hay una normalización de la violencia, donde las imágenes violentas son moneda diaria, nos hemos vuelto inmunes a éstas a causa del cansancio y la sobreexposición. El hijo de mi padre nos despoja de nuestras defensas a través de la empatía con el personaje y el humor para poco a poco adentrarnos en una trampa en la que aparece una realidad violenta con imágenes creadas solo a partir de la narración de Vázquez y de las que no podemos escapar tan fácilmente, la imaginación las crea, no podemos cerrar los ojos o crear distancia, un efecto creado con habilidad y sutileza.

