De nuevo Torres Bodet
Mauricio Orozco
“Un hombre que anheló ser más que un hombre y que, de pronto, un día comprendió
el valor que tendría la existencia si todos cuantos viven fuesen,
en realidad, hombres enhiestos, capaces de legar sin amargura
lo que dejamos a los próximos hombres”.
Extracto del poema Civilización de Jaime Torres Bodet
Un acto general de la humanidad es ofrecer honores a los grandes personajes que han forjado el entramado cultural de nuestra civilización, bautizando a espacios, calles o monumentos con sus nombres. Sin embargo, y en muchas ocasiones no nos damos cuenta de la gran importancia que viene detrás de esta acción, o de las justificaciones que se tienen para hacerlo.
Hace un par de días en la ciudad de Guadalajara, el Teatro Jaime Torres Bodet reabrió sus puertas. Después de tres años que se mantuvo cerrado por el gran deterioro que presentaba en toda su estructura, y a partir de un trabajo integral de restauración y remodelación del inmueble, se entrega a la ciudad un espacio de primera calidad que pretende fomentar el crecimiento de la actividad teatral.
Memorias de Torres Bodet fue la actividad inaugural que con manteles largos logró consagrar la primera actividad en este renovado inmueble en donde el melodioso y delicado piano de Christian Jiménez llenó con solemnidad y elegancia el escenario, en donde se desarrolló la puesta en escena que ofreció a los espectadores una muy completa selección de textos del escritor mexicano, por medio de una imponente y dinámica lectura coral de Alejandro Mendicuti, Gabriel Álvarez y Karla Constantini. Y bajo la cuidadosa dirección de Lourdes González.
En este acto honorifico, pero también simbólico se reunió la comunidad teatral de la ciudad para recibir este espacio que vendrá a fungir como un catalizador de los ideales de Bodet y de la realidad creacionista que tanto ha buscado por establecerse en el imaginario común de la ciudad.
Las letras del escritor mexicano retumbaron entre los muros del teatro que lleva su nombre, y que viene a significar una gran victoria para la cultura en la ciudad, pero particularmente para la escena teatral.
Seguramente Torres Bodet hubiera estado muy orgulloso al darse cuenta de que sus acciones y sus ideales aun resuenan entre las calles y las personas que buscan difundir la cultura a partir de la expresión artística como una herencia desinteresada a los hombres que nos procederán.
