Que digan que estoy dormido

El Teatro de Revista tuvo en México sus mejores años en tiempos de guerra, sobre todo en la capital del país en donde la Revolución no interrumpió las tandas de música y chunga que los cómicos y las divas hacían con los dichos y los hechos del momento, para regocijo de sus propios protagonistas que pistola al cinto festejaban la mascarada. La burla musical y carpera a los poderosos pervivió hasta los años 60 y murió con Jesús Martínez “Palillo”, a quien Ernesto Uruchurtu, llamado el “Regente de Hierro”, encarceló varias veces por decir lo que el pueblo pensaba de sus gobernantes.
A finales del siglo XX e inicios del XXI, el cabaret universitario (en la medida en que buena parte de sus hacedores venían de la Academia), puso al día la parodia sobre la clase política y sus anexos. El Hábito, de Jesúsa Rodríguez y Liliana Felipe, hizo época con su Consejo para la Costura en las Tardes por la habilidad de sus elencos para poner en farsa la realidad mexicana, por lo que cometían un pleonasmo pues esa realidad ya era una comedia descompuesta. Aunque nunca como hoy, cuando la vida en México se ha convertido en un sainete sangriento. La tragicomedia mexicana ha develado sus grotescas dimensiones de corrupción e impunidad porque esas son las fuerzas que han corroído al Estado por dentro y por fuera, al grado de que simplemente sacarlas a la luz ya no causa ningún efecto. Ante esas circunstancias, ¿qué puede hacer el teatro para hablar del desastre nacional?
Luis Enrique Gutiérrez Ortíz Monasterio (Legom), pensó que en la Revista de antaño había un modelo a seguir para la diatriba política, y comenzó a pergeñar algunos sketches, a pedido de la actriz y productora Laura Castro, quien se propuso aprovechar la estancia del director de teatro, Martín Acosta, en la ciudad de Xalapa, para montar el espectáculo, con la complicidad de Luis Mario Moncada, director artístico de la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana. Luego de buscar algunos apoyos institucionales y de “fondear” con los cuates y amantes del teatro, el viernes 11 de septiembre se estrenó en La Caja, el teatro alternativo de la UV, Que digan que estoy dormido, dramaturgia de Legom, dirección de Acosta, con letras de canciones y música compuesta y dirigida por Manuel Monforte.
Los sketches de Legom no buscan la metáfora sino la exposición cruda y directa de los personajes y sus acciones, pensando más en el descaro del cómico y en la rudeza de su lenguaje que en la refinación del teatro, que es precisamente lo que define los montajes de Martín Acosta. Nos hallamos, por tanto, ante un show bipolar en el que la hosquedad y destemplanza del autor es corregida y templada por el director y sus secuaces: los actores.
Legom quería carpa y nalgas. Martín teatro y travestis. El autor quería pelos y mentadas de madre. El director comedia de personajes. El uno lo guarro de la vida. El otro, su estilo. Como lo mismo pasa con la música, cuyas canciones son agresivas en la letra y muy livianitas en la música, el resultado general es tibio, sin la estridencia y el estallido de la farsa política, y con la gracia y el estilo del teatro ligero todavía en proceso. Aunque hay sus excepciones.
Dos de los nueve cuadros que componen el espectáculo saltan de la frivolidad de su formato a la complejidad del presente mexicano. En el primero de ellos el autor pone en tela de juicio la solidaridad espontánea de aquellos que con cualquier pretexto repiten el reclamo de los padres de Ayotzinapa: “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Aquí el autor sí elaboró una fábula que en su absurdidad nos muestra el oportunismo político y emocional de quien hace de ir al baño un mitin político, rebajando la auténtica solidaridad de quienes sí han acompañado a los dolientes no solo en su pena sino en su fatigosa búsqueda de justicia.
Aunque a últimas fechas incluso algunos medios informativos del estado de Veracruz han expuesto abiertamente la violencia, la corrupción y el desastre financiero del gobierno del estado, escuchar a una de las actrices denunciar de cuerpo presente los abusos, los dislates y la incapacidad del gobernador, ahora sí que a unas cuadras del Palacio de Gobierno, da escalofrío. Los gorilas no piensan, y de primates está llena la actual administración y sus fuerzas represivas, de manera que aunque los reflectores de la opinión pública estén sobre de ellos y esto nos haga pensar que no cometerán sus fechorías, no hay ninguna garantía.
Cierra la tanda un cuadro sobre la impunidad en el que el autor, el director y el músico no van en paralelo sino sobre el mismo riel, de manera que los actores, Benjamín Castro, Laura Castro, Fernando de Ita y Leticia Valenzuela, que están puliendo sus respectivos sketches, aquí están más vistosos porque al fin la música, la comedia, la parodia, la carpa y el teatro se juntan. ¡Por fin hay revista y el vestuario, la iluminación y la escenografía cobran sentido! ¿Demasiado tarde? No lo creo. La comedia, la revista, la parodia se va acomodando al escenario en la medida en la que los intérpretes se suelten el pelo y hagan suyo el ritmo, el tempo y el descaro del “género chico”.

15 septiembre, 2015 @ 10:48 pm
Sólo para agregar que entre las cuatro veces que el Regente de la ciudad de México metió a la cárcel al cómico «Palillo» por su desacato verbal en contra del Mal Gobierno, y las 10 ocasiones en que le cerró el teatro por reincidir en su crítica a la clase política, y la matanza actual de los «guardianes del orden» en contra de sus detractores, está el abismo del México de nuestros padres y el de nuestros hijos. Y pensando en ellos, en nuestros abuelos, que pendejamente,si usted quiere, aún veían a La Patria como algo «abstracto y diamantino», y los «radicales todo Palacio» que se rasgan la camiseta de marca porque hay quien quiere celebrar el 15 de septiembre, da grima que gente tan informada del presente confunda la Historia real de un pueblo -por penosa que sea-, con un infame periodo de gobierno. No celebremos el grito de Peña Nieto, pero por qué chingados no podemos comer un pozole y tomarnos la botella de tequila, no por la patria, por la Matria, cuyo vientre es acaso lo único sagrado que queda en el universo mexicano!!!