Curvas muy peligrosas
Víctor Marrufo
Verónica Moriel, a pesar de sus escasos 15 años, tenía un rostro angelical, una voz suave como el algodón y unas curvas muy peligrosas. En esos tiempos mis más grandes aspiraciones eran no irme a extraordinario en Ciencias Naturales, atacar la canasta con la agilidad, la gracia y el desenfado de Michael Jordan y besar a Verónica Moriel. La adolescencia apesta y la mía no fue la excepción: reprobé todas las veces posibles Ciencias, nunca alcancé a brincar más de medio kilo de tortillas y por supuesto, los besos de Verónica estaban destinados para los labios de Gabriel, un fortachón que, ¡oh ironía!, era el capitán del equipo de básquet.
Corina, Carlos y Adrián son amigos incondicionales, de esos de los que sólo en la secu se puede tener. Juntos comienzan a explorar ese mundo adulto que los espera ansioso para doblegarlos, alienarlos y corromperlos. Mientras eso sucede los tres amigos intentan burlar su destino divirtiéndose y rompiendo todas las reglas posibles. Metiéndose en callejones sin salida y tomando a velocidad todas las curvas peligrosas sin saber medir las consecuencias.
Curva peligrosa escrita por Pilo Galindo y dirigida por Adrián Almeida abrió el segundo día de la Muestra Estatal de Teatro de Chihuahua. Ante un Teatro de los Héroes gigantesco, los tres noveles actores: Jazmín Medina, Víctor Hernández y Luis Solórzano, se la rifaron para mantener la atención del respetable. La mayoría del tiempo lo lograron. Adrián Almeida maneja bien espacio y recursos. Con cuatro llantas y una cinta como escenografía nos cuenta la vida y la muerte de los pubertos.
Carlos y Adrián son el Gael y el Diego de la industrial, Corina podría ser la manzana de la discordia, pero gracias a la nobleza (o homosexualidad?) de Adrián la amistad prevalece. Aunque para mi gusto la obra tiene moralina de más, entiendo que puede funcionar para determinados públicos.
La obra logra recordarte esos tiempos en los que no eras ni niño ni adulto y estás totalmente a merced de tus hormonas y de lo que pensaran los adultos que deberías de ser y hacer. Por lo pronto Carlos y Adrián lograron lo que yo nunca pude: Negociar el beso de su Verónica Moriel.
