Yepeto o el amor por la escena
Criticar es poner en crisis, era justo lo que me disponía a hacer con el equipo de Yepeto, pero sorpresivamente fueron ellos quienes me pusieron en crisis a mí.
La noche del domingo durante el marco del XIX Festival de Teatro Universitario (Tijuana) subió a escena esta simpática y divertida obra de Roberto Cossa que no tiene mucho que ver con Pinoccio, pero nos revela una conmovedora historia sobre la peculiar amistad que se forja entre un viejo casanova profesor de filosofía y un joven e intempestivo atleta que lo acusa de robarse a su novia.
Cuando hablamos de crítica teatral suponemos que se hablará de lo atinadas o desastrosas que fueron las actuaciones, de la abundancia o falta de elementos escenográficos, lo empático o repulsivo que resulta el texto, o la acertada o fallida dirección y, si bien son aspectos sustanciales dentro de una crítica, quisiera reservar este espacio para hablar de algo que considero sumamente importante y que suele dejarse de lado, me refiero a la ideología o como yo le llamo, el alma de la obra.
“A mis 49 años me sigo preguntando qué es el amor” afirma Jorge Folgueira, el director del proyecto quien tiene claro impulso motor. El trabajo que nos regalaron en conjunto los intérpretes y creadores refleja una profunda humildad y compromiso, una búsqueda del amor a través de la escena, a través del oficio del teatrista. Se aprecia una genuina sensibilidad que se agradece por ser inspiradora en estos tiempos de desaliento.
Pongámonos en crisis nosotros también, replanteemos nuestro punto de partida para crear y propiciemos la poesía en el escenario.
Por último, y parafraseando nuevamente al director de la pieza, finalizo con esta reflexión:
Si no vas a subir a un escenario a hacer las cosas por amor, entonces no vale la pena que lo hagas.

