Dos cuerpos poseídos
En la obra de Martín Zapata, Soneto para dos almas en vilo, Laura y Antonio se reúnen para ensayar una obra cuando algo inexplicable sucede; sus cuerpos son poseídos por dos almas que ambulan con asuntos pendientes. A partir de ahí, suceden una serie de problemáticas fuera de la cotidianidad, que resultan desafiantes para ambos.
Lamentablemente, la atmósfera que se creó por medio de la iluminación, al igual que el resto de los elementos en escena se tornó difusa cuando los actores comenzaron a decir los primeros textos. Había momentos que lograban ser verosímiles, pero continuamente daba la impresión de que los actores no se escuchaban el uno al otro.
La circunstancia detonante toma lugar cuando los personajes son poseídos por los fantasmas, entonces hubo una explosión de energía en la puesta en escena. Los actores se apropiaron del texto y aterrizaron la escena de una manera simpática y agradable para el público.
En ocasiones, era confuso el cambio de personajes del mismo actor, sin embargo, conforme fue transcurriendo el hecho teatral, se amarró con mayor claridad y era más evidente lo que sucedía y finalizó sensibilizando al espectador.
