Baños Roma: Teatro que atraviesa la calle
Baños Roma, la más reciente producción de la Compañía Teatro Línea de Sombra, que inauguró el pasado 13 de abril el II Encuentro Estatal de Teatro en Pachuca, Hidalgo, también puede ser la calle que atraviesa el teatro porque está hecha con la intención de salirse del drama convencional para regresar al escenario transformada en conciencia ciudadana. En otras palabras: el actor no acude a una historia ficticia en busca de un personaje para indagar la realidad del mundo; sale al mundo, en este caso el de Ciudad Juárez, para palpar la atrocidad del presente mexicano. El hilo conductor que lo meterá y lo sacará del laberinto de lo real es la historia del excelso boxeador que fue José Ángel Mantequilla Nápoles. En éste camino transversal ente la realidad y la ficción, acaso descubrirá que no hay realidad sin ficción ni ficción sin realidad. Todo está, como diría Mauricio Kartun, en la forma de contar en cuentito.
Si alguien puede hacer teatro trasversal en México ese yo es Jorge Vargas. Primero porque desde sus inicios en la escena evitó la convención teatral de su lugar y de su tiempo. Segundo, porque desde 1994 organiza encuentros, talleres y programas de teatro con los grupos europeos y americanos que huyen del realismo. Tercero, en razón de que hay una investigación y una pedagogía en la base de su quehacer escénico. Así las cosas, Baños Roma es una excelente oportunidad de debatir los alcances y los límites del teatro de lo real; del teatro documental; del teatro expandido, del teatro posdramático, del non fiction theatre, o como quieran llamarle a ese escape de la tradición que no inició pero sí puso en boga el colectivo alemán, Rimini Protokoll, a partir del año 2002.
Parto de una premisa: No hay arte, no hay invención artística sin una convención determinada entre el creador y el espectador. Romper la convención de tener telón cerrado cuando entra el público, y la de apagar las luces cuando comienza la función, se ha convertido en otro acuerdo entre los grupos de teatro. La primera convención es para determinar el lugar del público como espectador de la ficción dramática, para acentuar la ilusión de lo que ocurrirá en el escenario; la segunda es para tender un puente entre el escenario y la butaca, para igualar la condición del espectador con la de los actores, para contar la historia desde el plano de la realidad, no de la ficción.
Lo real es que Zuadd Atala, Viany Salinas, Jorge León, Alicia Laguna y Malcom Vargas iniciaron una investigación sobre el paradero del boxeador Mantequilla Nápoles que los llevó a la hemeroteca, a un cuento de Julio Cortázar y a las calles y los antros de Ciudad Juárez cuando el terror del crimen organizado permeaba la vida de aquel Paso del Norte. Lo real es que al final de su indagación tenían…”una vasta acumulación de objetos encontrados, de encabezados de prensa, de relatos reales y apócrifos, de relatos inconclusos, de imágenes que se han fijado en la memoria, de hallazgos luminosos y otros impenetrables, montones de imágenes capturadas en el apremio del instante, y todo esto apenas alcanza para dibujar los contornos de la sombra de un hombre, de un lugar y de una ciudad…”, como escribió Jorge Vargas en el programa de mano. Lo real es que no había guión, no había una historia inventada sino la vida de un boxeador desparramada en la memoria individual y colectiva. Lo que veremos enseguida es la forma en la que los actores, los escritores (Gabriel Contreras, Eduardo Bernal, Jorge Vargas, con fragmentos del Prometeo de Rodrigo García), el músico pachuqueño Jesús Cuevas, el diseñador musical Jorge Verdín, los videos y la imagen de Malcom Vargas, Mariana España, y la dirección de Jorge Vargas, le dieron forma a su experiencia con esa realidad.
Cuando veo a un actor en el escenario que pretende no ser actor, es decir, no representar a un personaje sino a sí mismo sé que está mintiendo por la sencilla razón de que está hablando con palabras ajenas, haciendo acciones concretas ensayas de antemano, con una intención estética, formal o vivencial determinadas: está actuando, punto. La informalidad, la espontaneidad, el tono casual de la vida real sólo pasan como ciertas en el escenario cuando están trabajadas, acotadas por el tiempo y el espacio de la ficción. Si en verdad los actores se pusieran a contar espontáneamente su experiencia aquello sería caótico e interminable. Por ejemplo, yo no reconocía a Alicia Laguna en la escena porque se veía guapísima, atractiva, impactante. Lo es sin duda en la vida real, pero en reposo. El brillo surge en el escenario, con la conciencia de ser vista, ¿y qué otra cosa es actuar sino exponerse a la mirada ajena?
En la convención del teatro de lo real no habría lugar para valorar la actuación de los actores porque no están representando una fábula sino pasando dato de un tema, un hecho, una vida. Falso. Jorge León está de cuerpo entero en la escena porque está fingiendo ser él mismo para ser otro, lo mismo que Suadd Atala, aunque ella sí tiene un momento de absoluto realismo cuando canta tan mal como en la vida misma. Por cierto, el Karaoke está de güeva y ni la estupenda, aguardentosa voz de Jesús Cuevas salva la ocurrencia, aunque se desquita con su sax y con otro tema cantado. Si la realidad tuviera un ambiente sonoro y una partitura musical como la de Jorge Verdi en Baños Roma, la cotidianidad sería subyugante. La tecnología, por su parte, salvó el espectáculo esa noche al darle un chisguete de voz a la destrozada garganta de Viany Salinas., aunque en su misión de atravesar la escena colateralmente, como quiere la transversalidad, el uso del video es en su mayor parte ilustrativo. Ver a una actriz diciendo su parlamento en vivo y trasmitido simultáneamente por la cámara ya no agrega nada a la acción narrada porque es lo que hace cualquier chavo en su casa. Sólo cuando la imagen es intervenida algo se altera en el discurso y es, paradójicamente, la distorsión de lo real, esto es, la invención artística.
De ahí que la poética del espectáculo esté en los momentos ficcionales, cuando León y Malcom divagan sobre el origen de la cerveza mientras miran impávidos los esfuerzos de Viany por ensartar en un gancho la bolsa de golpeo de los boxeadores. En esa acción humorística, inventada, el teatro nos dice algo sobre la condición humana más efectivamente que el recuento realista de la violencia en Juárez. Lo mismo pasa cuando Zuadd traza sobre el aserrín el primer cuadro de la ciudad, y cuando Jorge y Viany bailan para simbolizar el feminicidio que azota diversos estados del país. Debo añadir que Jorge Vargas tiene claro el papel de la ficción en el proceso formativo de Baños Roma: …”No esperemos que las cosas sucedan en el espectáculo como se esperaría de un documental o en un retrato de esas realidades, sino la incertidumbre con la que se intenta expresar aquello que hace que un recuerdo se albergue en la memoria”.
La violencia en Juárez, la descomposición política y social que provocan la corrupción y la impunidad en esta amarga República bananera es denunciada, documentada diariamente en las redes sociales y en algunos medios establecidos, y no pasa nada. No es que la ficción dramática, la invención artística haga que las cosas cambien en realidad, más logran algo esencial: hendir la conciencia de quien la hace y de quien la mira. Así que el teatro puede hacerse como sea, menos mal.
Dubbatiana:
A la hora del convivio un dato real: los teatreros fascinados. El público… aburrido


9 mayo, 2015 @ 12:40 am
Pos entonces necesitan una escuela del espectador…
28 mayo, 2015 @ 11:45 pm
mejor que hagan un documental… (con todo respeto)
30 mayo, 2015 @ 3:57 pm
¿y no puede haber documentales en teatro?