La 45 Muestra Nacional de Teatro, la escena que brota de península a península
Andrés Alonzo

Permitir que la sede de la Muestra Nacional de Teatro ocurra de península a península, en epicentros de actividad turística y en años consecutivos, revela una clara intención de descentralización de las artes escénicas por parte de la Coordinación Nacional de Teatro. Cancún, un territorio que muchxs —incluyéndome— asociamos casi exclusivamente al turismo, se convirtió del 6 al 15 de noviembre en un punto de encuentro donde la escena nacional dialogó con una comunidad local deseosa por una construcción de identidad cultural. Ver a este estado tan joven convertirse en sede de la 45 MNT fue presenciar cómo la institucionalidad puede priorizar caminos donde el mercado turístico usualmente los opaca.
Durante diez días, las y los participantes fuimos parte de un ecosistema complejo: funciones, encuentros, debates, talleres, libros, recorridos, espacios abiertos, y un convivio constante entre agentes creativos, técnicos, académicos, gestores, críticos y espectadores. Las 29 obras seleccionadas, provenientes de 17 estados, junto con los cuatro prólogos escénicos sobre lengua, identidad y territorio, no solo mostraron una curaduría temática y estética, sino también un mapa teatral del país de cómo pensamos, sentimos y disputamos la escena.
El impacto de la programación se reflejó en un dato que superó cualquier expectativa: 16,531 personas asistieron a esta edición, una cifra inédita. Ese récord no es únicamente estadístico; evidencia que el público sí existe cuando se le convoca con respeto, cuando se abren espacios accesibles y cuando el teatro se coloca como un encuentro posible para quienes normalmente quedan al margen de la conversación artística y cultural. Más que llenar butacas, esta cifra significó desmontar el prejuicio de que “no hay público” en territorios dominados por el turismo. Si la intención institucional es descentralizar el teatro en México, también debemos descentralizar nuestra idea de los públicos. Considerar a la Muestra Nacional como un espacio de encuentro que permita a un público diverso reconocerse también como parte de nuestra comunidad y cuyas formas de mirar también enriquecen la conversación.
El programa Jóvenes a la Muestra también jugó un papel fundamental. Reunir a treinta y dos jóvenes —uno por cada entidad del país— permitió que nuevas voces habitaran el espacio institucional no solo como espectadores, sino como interlocutores críticos. Sus miradas diversas, urgentes y en transformación fueron parte activa del pulso de esta edición. Escuchar sus voces es reconocer a las nuevas generaciones por venir y entender que el futuro del teatro también se construye desde las preguntas que ellxs formulan.
Las actividades paralelas —los Encuentros de Reflexión e Intercambio, la Feria del Libro Teatral, los talleres, las clases magistrales, la instalación escénica sobre el vestuario, las presentaciones de investigación del CITRU, el Encuentro del Programa de Vinculación Nacional e Internacional y los textos publicados por el equipo de la Muestra Crítica— no funcionaron solo como complemento, sino como cápsulas interactivas de pensamiento, diálogo y expresión. Se discutieron de forma necesaria modelos de producción, dramaturgias emergentes, políticas culturales, memoria escénica, diferencias territoriales y retos institucionales. Allí se recordó que la MNT no es un escaparate, sino un laboratorio cultural y político del teatro mexicano.
La organización impecable por parte de la Coordinación Nacional de Teatro, el H. Ayuntamiento del Municipio de Benito Juárez y su Instituto de la Cultura y las Artes permitió que todo esto sucediera con claridad, en tiempo y con un verdadero sentido de hospitalidad. En un estado donde la actividad turística suele devorar las expresiones locales, sostener una Muestra de esta magnitud fue una declaración: la cultura también es infraestructura, también es comunidad, también es un derecho.
Nuestra experiencia en la 45 MNT nos deja una certeza compartida: el teatro crece cuando se desplaza, cuando se reconoce a una floreciente comunidad artística local, cuando se mira a públicos que no son exclusivamente parte del gremio, cuando se escuchan voces nuevas y cuando se permite transformar sus propias estructuras. Regresamos con la convicción de que la Muestra no termina cuando se cierra el telón al finalizar la última función o cuando vuelve cada quien a su estado de origen. La Muestra continúa en lo que hagamos a partir de ahora: en cómo acompañamos a nuestras comunidades, en cómo cuestionamos a nuestras instituciones, en cómo defendemos el acceso al arte como una forma de justicia cultural.
Porque el teatro no solo refleja un país; ayuda a construir el país que queremos.
