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  1. Roberto Zavala Ruiz
    10 mayo, 2020 @ 6:24 pm

    Reitero lo dicho en otro momento: en México, este paisito nuestro, sus artistas e intelectuales sobreviven sólo gracias a una suerte de esquizofrenia bien avenida en la que deben escindirse en un ser práctico que salga a ganarse la vida como pueda y en lo que sea, para alimentar, en sentido directísimo, al artista que por lo general es torpe para la vida práctica pero sensible y creativo e inteligente y amoroso; y un ser nacido para pensar, para pulsar las cuerdas del chelo solo, o las de la guitarra de mil voces, o para buscar las notas escondidas en la flauta dulce o en el oboe o en el saxofón. Así tenemos a los fotógrafos de prensa que salen a la calle a cumplir la orden de trabajo que les da el jefe de información del diario o de la revista quincenal o mensual en que se ganan el sustento, y que llevan al hombro otra cámara en la que guardan para los cronopios esos disparos de eternidad en los que congelan un instante irrepetible; o el compositor que debe soportar a los desafinados y descuadrados comensales que, sin vergüenza alguna, con el brazo apoyado en el piano, destrozan impunemente una canción napolitana en itañol; o aquel pintor que ha de sobrellevar a cincuenta barbajanes de bachillerato que intentan copiar en su papel marquilla, a lápiz, el par de calabazas que modelan para ellos; o la escritora que intenta explicarles a otras cincuenta bestias peludas, de la misma preparatoria, por qué no debe usarse coma entre el sujeto y el verbo.
    Lastima saber de muertes tan terribles como inmerecidas como la infligida a Ramón Barragán por todas las sedicentes autoridades responsables de la cultura en el país, porque ellos matan a los artistas cuando no cumplen su obligación de ver por ellos y por los bienes culturales de altísima calidad que producen y no se les retribuye. Que un actor destacado y comprometido con su trabajo viva miserablemente en un cuarto de azotea y muera en él sin que lo asista nadie y su cuerpo empiece a descomponerse sin que se enteren sus propios compañeros ni las autoridades de la cultura es una mentada de madre en pleno siglo XXI, en tiempos de la nueva peste en que vivimos.
    Espero que las autoridades que queden vivas y sensibles todavía tomen nota de que artistas e intelectuales también comen y merecen un trato digno en vida, un salario decoroso, no un clavel de despedida, un apoyo real a los proyectos independientes que sobreviven de milagro, y no un puñado de tierra en la despedida.
    Roberto Zavala Ruiz

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