ALIENTO DE DIOSES PROFANOS; El final de los días oscuros

Los títeres son un pueblo misterioso que habita en el mítico país del teatro.  Aquellos que se dedican a estudiar las artes titeriles, se vuelven santos de un arte profano que mucho tiene de mágico y de aterrador, que es de naturaleza marginal, pero, sin duda, emocionalmente impactante. Ejemplos varios se asoman en el mainstream del espectáculo, baste ver el trabajo sorprendente de María Perego con Topo Gigio, Frank Oz con Yoda o el video de los Muppets interpretando una versión sui géneris de Bohemian Rhapsody. Acaso recorrer los caminos divinos que permiten infundir vida a un objeto, devela al titiritero aspectos de la escena, el drama y la existencia que escapan a la percepción de cualquier otra persona. Xalapa es afortunada de ser el axis mundi de un cada vez más numeroso grupo de personas dedicadas a los títeres, que plasman en su arte una representación de la realidad única y fascinante.

Espejo de un mundo tragicómico y siniestro, donde el cinismo y el nihilismo norman el comportamiento de la opinión pública, Días oscuros es la historia de un crimen más y una vida menos en una ciudad anónima y ahogada en los vicios, producto todo de la corrupción rampante y la justicia ausente. Los personajes, aún los más tenebrosos, parecen estar siempre en una trampa peligrosa y mortal de la que no pueden huir, como si hubiera fuerzas extrañas y sobrenaturales que los animan a seguirse moviendo en un limbo reciclado de sombras y de seres grotescamente borrosos.

¿Cómo abordar algo tan sucio sin provocar la náusea? La puesta en escena ha sido compuesta por una multitud de elementos y de efectos que se fueron vinculando de manera impecable. Al ser la animación uno de los principales ingredientes de la ficción, la obra es de por sí, vívida y llena de acciones. Así, cada elemento humano ha tenido espacio para explorar las sutilezas de las escenas con desenfado, encontrando actuaciones acertadas e ingeniosas por la abundancia de detalles. La respiración evidente en los personajes, los gestos precisos con la mano, el dominio de las líneas de visión, y la construcción de una violencia que no es gratuita ni de dudosa manufactura, son algunos ejemplos de la eficacia y eficiencia innegablemente alcanzadas.

La animación, no se ha limitado a los títeres, y se ha expandido con genialidad hasta abarcar todos los elementos del espacio mismo. El grupo en conjunto, por medio de una coreografía compleja, han compuesto un espacio dantesco viviente. Una ciudad que se ve a lo lejos, parece abrirse ante nosotros conforme nuestro punto de vista se va acercando y muestra así sus fauces monstruosas. Dentro de ella, vemos bultos que se mueven como si tuvieran vida propia, sombras fantasmagóricas, fábricas infernales, cloacas inmundas, sanitarios amenazantes, cabarets grotescos y otros escenarios de pesadilla. Seguro esta propuesta ha llenado las expectativas de un público acostumbrado a un lenguaje cinematográfico comercial y al impacto inmediato de los memes, pero también ha regalado ilusiones teatrales que han sorprendido, incluso, al cinismo de más de un espectador escéptico y que han conmovido a aquellos que son más condescendientes.

No deberían ya de sorprender los prejuicios que se tienen acerca de las puestas en escena estudiantiles en esta ciudad. Si de por sí, el trabajo más austero y poco conocido del circuito profesional “independiente” es muchas veces ninguneado, tristemente a las producciones de los aprendices de teatro se le descarta, las más de las veces, con razón. No obstante, en Días Oscuros, ha sido posible vislumbrar el compromiso y la responsabilidad que el teatro exige a aquellos que aspiran a dedicarle su vida. Una puesta en escena con tales ambiciones y complejidades, que debido a sus múltiples transiciones obligan a transformar el espacio constantemente ha sido una adecuada prueba. Además, los títeres requieren disciplina y dedicación. Es fácil percibir las horas de trabajo invertidas en el aprendizaje y perfeccionamiento de las técnicas, la construcción de los personajes, etc.

Por otro lado, amén de tratar un tema muy vigente y también ya muy añejo en este país, es importante subrayar que, en esta puesta, han convivido en el escenario, tres generaciones creativas. Rubén Reyes ha mostrado con su dirección, un profundo conocimiento de su arte y a la vez, el interés de compartirlo. Se devela como un maestro generoso con sus alumnos del Taller de Práctica Escénica “C” de la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana, tal vez, reconociendo así, a sus propios mentores. Porque, las referencias al maestro Carlos Converso son tan evidentes y poderosas, que, como si hubiera sido invocado, él mismo se ha hecho presente, no sólo como dramaturgo, sino que, ¡literal!, aparece en escena.

Después de veinticinco funciones, este ciclo de aprendizaje se ha cerrado. Así pues, ante la desesperanza y la organización infalible del mal en el mundo, a su manera, un grupo de jóvenes se le ha enfrentado y sale triunfante. Han comenzado a creer en la belleza de la creación y ya avanzan por el sendero de algo que los trasciende. ¡Enhorabuena por el teatro!

Jorge Arturo Torres Vázquez

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