Número: 5. Enero 2010
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La siembra
Fernando de Ita





La metáfora rural de la semilla que se vierte en la tierra para esperar el fruto sigue resultando ejemplar cuando se quiere sustanciar en una imagen la tarea del hombre, de la mujer en el mundo. Se siembran plantas, frutas, vegetales en la tierra, pero también ideas y acciones concretas. Hace menos de un año una mujer sembró en Xalapa el germen de un espacio electrónico que ha dado un fruto inesperado: la comunicación virtual de la gente de teatro. Al menos de una parte de la raza cómica.

Quienes sentimos en carne propia el desmoronamiento de la prensa, del diarismo cultural en los medios impresos, nos asombra doblemente la oportunidad que brinda el ciberespacio para componer la realidad. Utilizo el verbo transitivo en el sentido antiguo y moderno de la palabra. En los viejos talleres de los diarios se componían las cajas tipográficas. En el Internet se compone el espacio de la virtualidad. Es el mismo principio. Es su instrumentación lo que ha cambiado.

En la prensa tradicional el lector no tiene más que el reducido espacio de las cartas al director que nunca tienen la garantía de ser publicadas. Es un lector pasivo ante los acontecimientos que lo estremecen, le conciernen o le interesan, La Red nos convierte en lectores activos. Esta obviedad despliega sus complejidades cuando se es parte actuante de la comunicación virtual. Si se pone atención en sus causas y efectos descubrimos que tenemos varias cosas que aprender para ser buenos navegantes del ciberespacio: aprender a leer, esto es, a escuchar al otro.

Es tan fácil dar una opinión en la Red que no le damos a nuestro enunciado el tiempo de la reflexión. Decir espontáneamente lo que se piensa es una virtud cuando no tiene el defecto de la inconsistencia, la confusión, el desorden emotivo y mental que hemos practicado en este espacio como los adolescentes que descubren el sexo: para desahogarnos. Que no está mal. Pero hay que pasar al siguiente nivel: hay que gozar, como los griegos, pensando en conjunto. Pasar de la masturbación al orgasmo colectivo.

Ya algunas plumas de la crítica profesional como la de Vera Milarka han apuntado que en este sitio se discuten asuntos que evita el periodismo tradicional, precisamente por la libertad que ofrece el medio para expresarnos. Esa apertura es como una aguja microscópica en el inmenso cuerpo del sistema. Por ahí llegamos al nudo nervioso de la cultura para recordarle que estamos vivos, para decirle que ha llegado el ocaso de Fankestain, el monstruo que crearon los abuelos de la tribu para apoyar y difundir la creación artística. Por 50 años el monstruo cumplió con la tarea pero en los últimos tiempos se ha convertido en el Pantagruel que se traga la inmensa mayoría de la cosecha, dejando a los campesinos del arte en la inopia.

Este espacio ha sido uno de los puntos de opinión más críticos de la Red y no solo ha expuesto sin tapujos las malas acciones del Aparato sino que le ha hecho la tarea. En la pasada Muestra Nacional de Teatro de Culiacán fue el medio que mejor dio cuenta de los sucesos artísticos y las noticias relevantes de la reunión anual de los teatreros mexicanos. Evito personalizar el esfuerzo realizado para subrayar el efecto colectivo de la empresa, en el entendido de que los usuarios del sitio saben lo que cuesta mantener una ventana cibernética sin apoyos oficiales o privados, simplemente por la voluntad de tenerla abierta para escuchar las voces de la colmena.

Somos pocos aún quienes alimentamos la discusión y por lo tanto se repiten demasiado nuestros nombres. La importancia personal es uno de los motores de la crítica pero creo, con José Emilio Pacheco, que el verdadero autor de un texto es nadie porque nuestra voz es el eco de tantas voces como tiene el tiempo. La inmediatez de la Red suele ignorar este precepto.


LA PERVERSIÓN DEL APARATO

Entre todos estamos esclareciendo la perversión del sistema cultural mexicano, creado oficialmente en 1946 para culminar la etapa heroica de la cruzada cultural iniciada en 1924. Al correr de los años el sueño se convirtió en pesadilla por todos los horrores que acumularon el corporativismo, el oficialismo, la burocracia, pero nunca como ahora se había politizado el nombramiento de los “altos funcionarios” dándole entrada a la corrupción, como documentó El Financiero el pasado mes de diciembre.

El presupuesto público dedicado a la creación de bienes y servicios culturales no se invierte en su sector productivo sino se gasta en el administrativo que se ha apoderado del Aparato. Somos los siervos de nuestros servidores. En el bicentenario de “nuestra independencia” se invierte el apotegma de José María Morelos: los mandatarios de nuestro sistema político no son los siervos de la Nación sino quienes se sirven de ella.

Es tiempo de decir basta. De enfrentar al Engendro que alimentamos con nuestra indiferencia, nuestra dejadez, nuestro fatalismo. Decir esto aquí, ahora, con plena libertad, es un punto de partida. Es parte de la cosecha que sembró hace menos de un año una mujer dispuesta a la batalla. Toda proporción guardada, es año para recordar que fue el grito de alerta de otra dama el que desató el grito de 1810. Sólo que aquella mujer ya había cometido matrimonio con el Corregidor.


Imagen:http://estaciondesbrujulario.blogia.com/2005/octubre.php

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