Los habladores dirigida por la salvadoreña Isabel Cristina Flores, fue la novena obra que se presentó dentro de la Muestra Estatal de Teatro Poblano 2009. El reparto está integrado por estudiantes de la licenciatura en arte dramático de la BUAP.
El principal acierto del montaje es que explota las virtudes escénicas del texto y esto lo hace al unificar, los nueve monólogos que elige, en una puesta en escena que resalta ciertos rasgos de lo mexicano a través del espectáculo de la lucha libre. El espacio escénico es un ring de lucha libre, donde, arriba o abajo del mismo, se nos presentan los actores enmascarados por lo que, la diversidad de temáticas de los textos de Olguín se unifica a partir de esta estética que, desde nuestra óptica, potencia lo teatral y contextualiza lo dramático de las luchas que confrontan los personajes para conseguir o no lo que desean.
El primer monólogo elegido plantea la entrada y el “pretexto” para proponer el contexto escénico de la lucha libre mexicana ya que, según la acotación de Olguín: “Irrumpe un luchador que porta una vistosa máscara…” (Olguín, 35) Se trata del monólogo titulado Satánico Destino, luchador interpretado por Daniel Hernández Santa María quien, después de haber realizado con sus compañeros las acrobacias propias de sus personajes, sin jadear –señal de un buen entrenamiento— se dirige al público con la máscara a medio quitar y expone sus conflictos con los que logra introducir y atrapar al espectador en la dinámica que seguirá el resto del espectáculo donde, los actores hablan con el público, en un tono que va de lo cotidiano a lo cómico y con un lenguaje coloquial. La actuación de Daniel Hernández y la elección de su monólogo, son una buena introducción que sirve de pretexto para que la dirección construya un espectáculo teatral dentro del espacio y tiempo de la lucha libre mexicana.
El segundo monólogo es Bajo el Volcano interpretado por Armando Sánchez Tenorio, que en términos generales torna más flojo el espectáculo y cae en el cliché ya que se trata de un personaje norteamericano que nos habla con el típico acento de los gringos.
Le sigue El Amor interpretado por Coral Alarcón, quien construye un personaje atractivo por sus tareas y por su presencia escénica. Lamentablemente el volumen de su voz, que manifiesta una exploración del habla coloquial, en ciertos momentos se reduce tanto que no se le escucha y nos perdemos una parte de lo que dice, aunque en varias ocasiones logra hacer reír al espectador con las desgracias del personaje. Continúa La Cochambre por Leticia Campos Vázquez quien construye un personaje vivo e interesante con el cual atrapa y emociona al espectador. Vemos el trabajo de una actriz que, además de sostener un buen volumen de voz y tener una amplia gama de intenciones, se mantiene concentrada en su trabajo escénico y proyecta energía y emociones de manera contenida. El clímax de su trabajo se materializa cuando llora y, sin dejar de evolucionar en su propio drama, nos hace reír con la desgracia que padece.
Toca el momento de Ojo por ojo interpretado por Jonathan Jiménez Vergara, quien tiene un trabajo adecuado, pero que no logra sobresalir porque no logra explotar ni proyectarla energía del macho que al mismo tiempo es homofóbico. Lugo viene Dulce María encarnado por Aurelia Velázquez quien, además de tener buena presencia y peso escénico para su personaje (Toda ella emana una sensualidad estudiad) asume el reto de construir un personaje que se emborracha en escena pero, le faltan recursos para sostener y proyectar, en su embriaguez, el rencor y la gama de emociones que, estando cada vez más borracha nos expresa, pero sin tocarnos lo suficiente.
Sigue El Nono interpretado por una Claudia Caicedo tímida, que no emplea la energía sexual que requiere el personaje. El espectáculo finaliza con No matarás nuevamente con Leticia Campos Vásquez, quien no sale tan bien librada como en el monólogo anterior.
Esta obra evidencia una entrega total de parte del reparto a su directora quien, en términos del espectáculo, logra un trabajo meritorio donde los errores de casting se soportan a través de la dirección y el trabajo escénico en conjunto.
Lamentablemente la directora, al final de la presentación, tomó el escenario para dirigirnos —a los jurados y al público— una elocuente protesta que previamente redactó en una carta dirigida al Secretario de Cultura. Dicha carta debió dársela o leérsela a quien se la dirigió: no al público, ni a un jurado que, al menos en mi caso, no se hace portavoz de otras voces. El trabajo de Isabel Cristina Flores ya había hablado por ella y lo que vimos, lo hemos reseñado. No merece que se hable más del caso, pero creemos que sí vale la pena invitar al lector a seguir los trabajos escénicos de esta directora.
El 11-01-2010 Moisés comentó:
VayaEl 13-01-2010 fernando de ita comentó:
Kamarada:El 14-01-2010 Rodolfo Pineda comentó:
Querido Fernando, te agradezco todos tus comentarios. La mención de los orígenes de la directora es sólo una precisión biográfica.El 26-04-2010 delfina comentó:
miren hps de mierda maricones esta es un pag de mierda comanse mi pene y chupenlo entendieron!!!!* El correo no será visible a los usuarios del sitio.