Número: 5. Enero 2010
Columna >>
Xocoyotzin en Essex o el Mexican Common Place
Felipe Cervera






Escultor, grabador, pintor, dibujante, performancero, artista conceptual y editorial; amigo y colaborador de Guillermo Gómez-Peña; pupilo de Mathias Goeritz; ex-agregado cultural de México en Brasil, etc.: Felipe Ehrenberg (México D.F. 1943) es un referente obligado del avant-garde mexicano en el último tercio del siglo veinte y como tal, su aparición en las celebraciones del bicentenario tiene sentido.

Sí, el bicentenario y toda su estela de celebraciones está aquí y no llegó para quedarse sino para abarrotar temporalmente todos los escaparates culturales de nuestro país dentro y fuera de sus fronteras. Para su servidor, como a cualquier profesional de la cultura mexicana, la pregunta fundamental está en saber las formas y fondos que serán utilizados durante este año para celebrar doscientos años de nuestra identidad nacional y el centenario de nuestra (disque) modernidad social. Y es que tanto se ha dicho de la multiplicidad identitaria del mexicano, desde Usigli hasta Nuñez pasando por Paz y Agustín (por decir los obvios), tantos y tantos que han reflexionado sobre qué santos nopales es el mexicano y cuál es su auténtica expresión artística, que resulta interesante saber cuál será la línea de las agregaturas culturales mexicanas alrededor del mundo en su programación a lo largo de los festejos.

En este marco, las celebraciones bicentenarias, en Inglaterra comenzaron desde finales del año pasado con la inauguración de la exposición Moctezuma, Aztec Ruler (Moctezuma, Rey Azteca), que a su vez dio pie a que la Universidad de Essex comisionara a Felipe Ehrenberg con la creación de un performance que se estrenó en el Teatro Lakeside de la ciudad de Colchester el pasado 5 de diciembre con el título Xocoyotzin, the antepenultimate (Xocoyotzin, el antepenúltimo). El performance se basa en la crítica (ya común) sobre la versión que los mexicanos aprendemos de nuestra historia geográfica e identitaria. El cuestionamiento es hecho usando una estética tradicionalista pero con tintes de experimentación escénica: Ehrenberg al centro de la escena, leyendo un texto mientras lo acompañan audio en nahuatl y video de códices (realización de Macario Ortega). Imagen poderosa en la que se plantea la identidad nacional como un mero lugar común creado por el oficialismo. La temática ronda los mitos que fundamentan la historia oficial de la conquista española en tierras mexicas, lo fantasmagórica que es esa historia oficial y por ende, ronda también nuestra identidad social.

Ehrenberg es viejo conocido del público inglés pues vivió por estas ingla-tierras de 1968 a 1974. Sapiente del gusto (post-) colonialista del britón, presenta un evento plagado de lugares comunes que ilustran la esquizofrenia social mexicana (indígenas-españoles/liberales-conservadores/izquierda-derecha, etc.). Y al hacerlo, ejerce un comentario muy pertinente en estos dosmildieces: Common Place, toda nuestra historia es un common place que sirve como parche de una identidad rota. Su posición es atinada pues el performance golpea la retaguardia del imaginario de cualquier mexicano que lo presencie. Lo hace cuestionarse, una vez más, cuáles son su raíces, sus tradiciones y, una vez más, realza la importancia de rescatar los verdaderos relatos y valores indígenas como rasgos importantísimos de nuestra herencia cultural de pueblo vencido. El vehículo de tal provocación es la historia de Moctezuma Xocoyotzin, antepenúltimo gobernante mexica quien - nos dice Ehrenberg - a diferencia de la creencia vulgar no fue muerto a pedradas por sus súbditos si no a puñaladas nocturnas y traicioneras de los españoles a quienes daba alojo.

El relato escénico ataca el mexican common place y ubica su origen en el México post-independentista. Su punto no es criticar al Mexican Curious si no al auto-orientalismo que las políticas cultural y educativa de nuestro país han ejercido durante décadas de vida independiente y post-revolucionaria. Empero, al retomar, otra vez, la temática prehispánica como vehiculo formal e inspiracional de su punto político, Ehrenberg es presa de su propia obra. La pieza, como tantas otras, se queda en el señalamiento, en la acusación. Claro, Ehrenberg pertenece a una generación cuya labor de recuperación de las historias indígenas no oficiales es un gran avance en la conciencia intracultural del mexicano, de eso no hay la menor duda. Pero de que Xocoyotzin, the antepenultimate no dice nada nuevo, ni para el público mexicano ni para el extranjero, tampoco la hay. Para el público inglés Xocoyotzin, The antepenultimate satisface su culpa morbosa e histórica de enaltecer la grandeza de las culturas que los europeos conquistaron (y aniquilaron) durante toda la época colonial. Pero dudo mucho que luego de presenciarlo, el público inglés tenga interés en conocer más sobre el México del dos mil diez y el arte que allí se realiza.

Sin embargo, como diría el maestro Moreno, ahí está el detalle: El performance tiene una virtud contextual que es bastante pertinente y nos debe guiar hacia un análisis y reflexión concienzudos sobre la obra que se mostrará en el extranjero durante estos festejos. De ese trabajo depende que la cultura mexicana permanezca, por otros cien años, como una antigua grandeza derrotada por un mestizaje impuesto, o como una rica en su intraculturalismo contemporáneo y natural. En mi opinión, este año no se debería de tratar de promover, por enésima vez, nuestra identidad de serpientes des-emplumadas, no exclusivamente, y avocarse un poco más en aprovechar la coyuntura para impulsar al arte y cultura mexicanos de ahorita, de hoy, de abajo, del verdadero bicentenario.

El presupuesto federal no será para llevar de gira a obras experimentales o de elencos multitudinarios, o a bandas de diez integrantes (excepto al Recodo que estoy seguro se dará una vuelta por Europa en este año), y por lo tanto aquellos artistas contemporáneos que sean mostrados por el estado serán los mismos de siempre (cómo la retrospectiva de Gabriel Orozco en el MOMA DE Nueva York que aunque financiada por el museo cuenta con el respaldo federal). Seguramente también se privilegiara al cine, que está de moda y es barato de exportar. Pero esto de ninguna manera debe amarrar a los jóvenes sin currículum y con propuesta. Para nosotros el punto de Ehrenberg debe ser inspiración para aprovechar el año y buscar otro tipo de apoyos y gestiones que nos permitan utilizar al bicentenario para que le digamos al mundo (y a nosotros mismos) que México dejó de ser Tenochtitlán hace muchos, pero muchos años.

Xocoyotzin the antepenultimate se presentará en mayo en el museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles como parte de Manchuria, Periphereal Vision (Manchuria, visión periférica), exposición retrospectiva de Ehrenberg que luego hará gira por Brasil, donde el autor reside desde hace varios años. Entre tanto, sirva esta como un agradecimiento a la Universidad de Essex y a su oficina internacional por el interés de involucrarse con el arte de manufactura mexicana. Enhorabuena, su labor es un ejemplo de que muchas instituciones allá afuera son posibles apoyos y escaparates para nuestro trabajo.

Regresar a Portada

Comentarios

No hay ningún comentario



Comenta este artículo





* El correo no será visible a los usuarios del sitio.