Aunque por el momento no podemos determinar la cantidad de dinero que se invertirá en las celebraciones de la Independencia y la Revolución, lo cierto es que de manera coyuntural, impulsará la reactivación de la economía cultural.
Los recursos provendrán en buena medida de las instituciones de gobierno, pero también en considerable cuantía de diversos ámbitos privados. Se generará un mercado, numerosas fuentes de trabajo, gama de productos, un público consumidor que ajustará sus nociones de valor a la adquisición de bienes tanto simbólicos como materiales así como una recaudación fiscal importante.
Las fiestas bi-centenarias se encajarán en el aparato productivo que constituye el sector cultural, alentando a su vez, a otros sectores. Uno de ellos es el de la infraestructura, habida cuenta la obra pública en juego en toda la República. Carreteras, monumentos, plazas y museos, nos señalan la dimensión del circulante y la transversalidad del empleo en pos de hacer relucir a la patria impecable y diamantina.
La movilización del valor simbólico, alentará a ciertos subsectores culturales, sus pequeñas, medianas y grandes empresas así como la actividad informal y la piratería. En el diseño, desde relojes, indumentaria, agendas y plumas, hasta portales en Internet. En ese sentido, un segmento de la publicidad pública y privada, alimentará la ganancia de quienes intervienen en la cadena.
El ramo editorial está llamado a ser uno de los más beneficiados. Si nos atenemos simplemente al ofrecimiento presidencial de que cada hogar tenga un libro de historia, podemos vislumbrar las dimensiones del negocio. Si bien algunas casas editoras hace meses que arrancaron con sus ofertas, es de esperarse una intensa batalla comercial. Con o sin precio único, las librerías aguardan jauja.
Es factible suponer entonces, que el turismo cultural incrementará sensiblemente su clientela, beneficiando con ello a líneas terrestres y aéreas, a hoteleros, restauranteros, artesanos, museos y zonas arqueológicas. Aquí cabe mencionar el nicho de la gastronomía: desde la recuperación de cocinas tradicionales hasta la sabrosa fusión, comer mexicano es marca-país.
En esa perspectiva, hay profesiones que serán sumamente demandadas. Los historiadores, en sus distintas especialidades, sobre todo los más vistosos, deben tener ya repleta su agenda. Curadores de exposiciones, compositores, intérpretes, fotógrafos, artistas plásticos, actores, bailarines y escritores, cuyas trayectorias le sientan bien al nacionalismo, podrán ver incremento en sus ingresos.
Para el cine representa mas que elevar la cantidad de producciones, la oportunidad de incrementar taquilla y estimular al ritmo de nuestro star sistem una revaloración del sello de casa. Igual ocurrirá en el teatro, en tanto la radio y televisión pública tiene el reto de superar lo que las empresas privadas generarán acompañadas de una generosa pauta publicitaria.
De 1810, a 1910 al 2010 la diferencia la hace el mercado, tanto el interno como el externo, pues bien México saldrá con los bienes de su historia en busca de imagen e inversiones. Importar creatividad y servicios de producción, seis meses en la expo Shangai como un Mundial de fútbol, dimensionan que celebrar gestas tiene también una economía cultural insoslayable.
Imagen: http://vamonosalbable.blogspot.com/2009/02/las-monedas-del-bicentenario.html
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