Número: 5. Enero 2010
Puebla >> Reseña
Amores de segunda mano
Rodolfo Pineda



Dentro del marco de la Muestra Estatal de Teatro Poblano Héctor Azar 2009, se presentó Amores de Segunda Mano espectáculo teatral a partir de tres cuentos de Enrique Serna. En el primero Tía Nela , Serna plantea una suplantación, un cambio de sexo y una lucha de poderes entre Efrén y tía Nela que nos lleva de un clímax a otro de principio a fin de la narración. El director Alfredo Cruz eligió a una actriz que carece de dotes histriónicas y de la edad que se requiere para interpretar el personaje de tía Nela. ¿Con qué armas lanza a una jovencita a interpretar a una mujer madura? Le pinta arrugas, le pone canas, la sienta a tejer. La lectura que hacen del cuento de Serna lo reduce a una especie de sainete donde se pierden los diversos niveles y giros que propone el autor en la estructura del cuento.

El segundo cuento que interpretan es La última visita, la acción comienza con una canción de Joaquín Sabina interpretada a capela por Margarita Cuétara (la Mamá), se escucha el sonido de un timbre de casa donde la actriz, lenta y accidentadamente, se cambia de ropa y zapatos para recibir a la visita. Los personajes, comparados con los del cuento de Serna, están otra vez fuera de edad. La hija (Daniela Dorantes) en el original, está por cumplir cuarenta años, en tanto que la actriz que aparece no tiene ni treinta y hace un personaje de máximo veinte años que piensa como de quince. Rodolfo, que en el cuento de Serna es un banquero alcohólico de cuarenta y tantos años, aparece interpretado por Alex Tanús, un joven de veintitantos años que interpreta a un Rodolfo acartonado, caracterizado formalmente por un maquillaje caricaturesco, sin la energía del alcohólico —difícil papel— y que en vez de evocar a un banquero evoca una especie de payaso sacado de un mal programa de televisión. La Mamá, la única en casting, lamentablemente sostiene un mismo tono que corresponde más a un cliché de la alta sociedad y que le resta sentido a lo que dice, aunque provoque la risa fácil de algún espectador complaciente. La trama que se plantea en el cuento gira en torno a un pacto que se hizo entre madre e hijos para que Blanca y Rodolfo visiten a su madre quien, se ha quedado sin visitas reales y, en un tono de comedia que recuerda el estilo de las comedias de Woody Allen donde el espectador se ríe de aquello que es trágico para los personajes. En resumen se nos muestra un retrato de la vida burguesa y decadente de una familia donde, las visitas, le dan o le quitan el sentido a sus vidas. El lenguaje del cuento invita a la cotidianeidad, pero vemos tres actores que, como instrumentos sin director de orquesta, desafinan y tocan a ritmos distintos.

El alimento del artista, cuento que abre el libro Amores de segunda mano cierra el espectáculo homónimo de Alfredo Cruz. Maggi Briz interpreta a una vieja cigarrera. La actriz, nuevamente por su edad, está fuera de casting. Pero a pesar de esto logra algunos aciertos. Briz, a diferencia del resto del reparto, crea un personaje con cambios de energía e intenciones con los que logra proyectar emociones. La cigarrera asume el riesgo de hablar directamente con los espectadores y la actriz logra conectarse bien. La actriz sostiene su monólogo y hace evolucionar al personaje.
Amores de Segunda Mano es, a pesar de todos los errores, un espectáculo de jóvenes que, con recursos propios y mucha entrega lo llevan a cabo.

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