Un proyecto de Compañía Nacional de Teatro para México
2. Motivos
Emplazados a pensar en las condiciones de posibilidad de una recuperación y una reanimación eficaces y realistas de la Compañía Nacional de Teatro del INBA, según el alto significado que su existencia, vitalidad y escala artística suponen, asumimos el reto de formular este proyecto, impulsados por el aliento grande de la profesión del arte teatral que nos sostiene y por el compromiso cultural con nuestro país, que nos preside.
Nuestra propuesta es ambiciosa y optimista, sin dejar de ser realista y hasta cierto punto, escéptica; porque proviene a un mismo tiempo, de una experiencia amarga y decepcionante, tanto como de un entusiasmo irrenunciable e incorregible que nace de la esencia apasionada del arte y del aprendizaje profundo de lo que el teatro es capaz de hacer de nosotros, cuando hemos sido capaces de hacerlo cabalmente. Nuestra propia experiencia del teatro en su medida y el conocimiento de su historia en su amplitud nos muestran cómo el teatro alcanzó los momentos de su esplendor justo ahí cuando enfrentó los mayores obstáculos para su realización; y ahí donde el sentido común diagnosticó aporías insalvables, la inteligencia del arte supo darle al teatro el lugar que siempre ha ocupado en el corazón de la comunidad humana.
No se puede situar al teatro y tratar de explicarlo recurriendo a las cifras del mercado o a las estadísticas, a los precios de taquilla o a las dificultades de la circulación, ni a los pactos sindicales o los hostigamientos fiscales. Su verdadera situación está en otra parte. Incomprensible y prestigiosa –los artistas teatrales lo han sabido siempre–, la necesidad del teatro se encuentra en el secreto anhelo de los habitantes de un país sin derecho al sueño.
Nuestro teatro se empeña en no dejar huella. Huérfano de crítica se aferra al trauma que propone Alfonso Reyes en la metáfora de Ifigenia Cruel: Nuestro teatro es además amnésico. Las aventuras más prodigiosas de nuestro teatro se desvanecen, los recuentos de nuestros cronistas son esqueléticos y esquemáticos. En México, después del teatro sólo queda la leyenda.
Sin embargo, en otra medida, este pasar impune de nuestro teatro por tradiciones interrumpidas, fracturadas, deshilvanadas, delata uno de sus mayores defectos: la falta de estabilidad que convierte nuestros emprendimientos en trabajos de amor perdidos. Y lo que es peor, la ausencia de un discurso teatral que entrañe perspectivas de futuro, capaz de crear un público que pueda crecer y desarrollarse, capaz de provocar la interlocución de una crítica que preconice el teatro venidero.
Hacemos obras, muchas, algunas maravillosas, otras menos, de todo tipo y tendencia, pero en rigor, no hacemos teatro. No construimos el edificio de un discurso, de un universo teatral mexicano, articulado, plural, complejo, creciente; no creamos tradición, no formamos repertorios, elencos estables, técnicas y lenguajes propios. No hacemos un teatro nacional, hacemos obras, muchas obras póstumas. Tejemos en el aire.
Y si lo que sucede con el teatro en México es que pasa sin huella, que carece de cimientos, que crece desarticulado y avanza sin porvenir, sería preciso preguntarse ¿qué queda del teatro en México? ¿qué heredamos, qué consolidamos? (Nada) casi nada.
Los modos de producción teatral público y privado están agotados. El camino del teatro sólo como mercancía ya no es transitable. La dependencia del paternalismo estatal nos ha impedido crecer y ser dueños de los medios y de nuestro destino. La construcción de nuestro teatro tampoco es tarea de solitarios. Es una aventura colectiva.
Urge establecer comunidades de artistas capaces de organizarse, formarse y producir teatro con suficiente autonomía. Urge diseñar estrategias para cimentar infraestructuras que potencien una estabilidad irreversible que nos acerque al futuro, garantice el crecimiento y la sobrevivencia del sueño. En suma, ha llegado el momento de dejar de dilapidar talento, presupuesto, organización y trabajo en la simple producción de obras, una tras otra, aisladas.
Urge construir un discurso teatral mexicano. Un discurso entendido como la organización de los materiales dramáticos y escénicos según un ritmo de crecimiento y una interdependencia propias de la vida del espectáculo. Un discurso capaz de responder a la necesidad espiritual de una estética abierta y plural, capaz de articular en una organización eficaz la iniciativa de sus artistas, capaz de proponer una lectura continua para un público que se forma en el ejercicio de su disfrute. Un discurso relacionado con las condiciones de producción, las que a su vez dependan de la adecuación particular de cada uno de los creadores del espectáculo, el dramaturgo, el director, el escenógrafo, los actores, que depende de los diferentes sistemas artísticos a su disposición, en su momento histórico. Un discurso teatral que es una toma de posición de los sistemas escénicos, una utilización de las potencialidades escénicas, constituido de hecho, por todo un equipo interdisciplinario. Estos agentes del discurso teatral se distinguen de los personajes concretos del equipo teatral, se definen en un nivel teórico y se comprometen en una realización artística continua como sujetos en construcción permanente, que van dejando sin cesar un sedimento, al menos una huella que potencia el arte del futuro.
Resulta imprescindible que los artistas teatrales reunidos en la fuerza de colectividades solidarias, estables y organizadas, sean capaces de proponer desde su autonomía, nuevas formas de propiciación al teatro.
Situado en el contexto de estas convicciones, ofrecemos este proyecto de refundación de la Compañía Nacional de Teatro, según una progresión lógica que parte de considerar los antecedentes históricos de su existencia, para después, contrastar estos hechos y los cambios posibles a la luz de criterios previos sobre la identidad social y sistémica de la acción teatral. En ese marco centramos la valoración que representa la estructura de un conjunto teatral estable como paradigma histórico de la construcción teatral. A esa luz diagnosticamos lo que a nuestro parecer ha impedido la implantación estable y eficaz de nuestra Compañía Nacional. Seguidamente abrimos el horizonte de la reflexión para considerar el testimonio de algunos ejemplos exitosos de la aplicación de este modelo en el teatro mundial.
Desde lo anterior proponemos una nueva Compañía Nacional de Teatro y exponemos brevemente su posible consistencia.
Fragmento del texto: Un proyecto de Compañía Nacional de Teatro para México, para leer completo http://teatromexicano.com.mx/proyectocnt.pdf
Imagen: Edip en Colofón
Foto: Sergio Carreón/CNT
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