Un proyecto de Compañía Nacional de Teatro para México
1. Idea de proyecto
Despertamos a la conciencia de que existimos en una cierta realidad que nos determina. Dicho en términos heidegerianos, descubrimos nuestra primaria condición de deyecto: nos percibimos arrojados a la existencia en el horizonte de aquello que es como es, independientemente de nosotros.
Entonces nos sobreponemos para intentar hacernos cargo de nosotros mismos e iniciamos un diálogo inevitable con la realidad. Y sólo cuando descubrimos la consistencia dinámica del devenir, ese ingrediente original de la conciencia histórica capaz de revelarnos cómo es el cambio el rasgo categórico de aquello que llamamos real, entonces, se abre ante nosotros el horizonte de una posibilidad tal en el que brotan y hallan aliento las ideas y las aspiraciones acerca de cómo podrían o cómo deberían llegar a ser las cosas que de momento, son como son.
En semejante aliento, lo que era deyecto puede ser transformado en un proyecto.
Pero tal proyecto es una idealidad. Sólo que a diferencia de cualquier otra idealidad, el rasgo categórico en el que reside el valor de esa idealidad que alcanza a ser proyecto consiste en la posibilidad de ser realizada.
En efecto, la razón de ser de algo como proyecto es su viabilidad real.
La utopía no sería utopía si no fuera realizable. Es decir, que su valor está más en su posible realidad que en su misma idealidad.
El teatro me ha enseñado cómo el mayor triunfo de un sueño entraña el inevitable fracaso que supone su adecuación a la realidad, no porque así siga siendo un sueño, sino porque precisamente así ha llegado a ser real.
En esto pienso hoy por ejemplo, a dos años de haber sido invitado a refundar la Compañía Nacional de Teatro de México, tras considerar las evidentes aporías que la sola idea enfrentaba, tras considerar durante un año la formulación de su proyecto y después de un año de realizaciones sorprendentes, frente a asignaturas aún pendientes y decisivas, ante nuevos retos no menos sorprendentes y de otra manera, mucho más inquietantes.
Intentaré explicarme:
Durante un año nos demoramos en la elaboración de un proyecto que si bien ha querido ser radical y riguroso en sus fundamentos, también ha intentado ser viable ante los múltiples factores de nuestra realidad teatral e institucional. Podría expresarlo con cabal sencillez, siempre y cuando esa sencillez fuera capaz de denotar la complejidad que entraña. Se trata de hacer realidad lo que significan las palabras Compañía Nacional de Teatro, en la actualidad social y cultural de México.
Elaboramos un vasto documento que ha sido objeto de una complicada confrontación dialéctica entre idealidad y realidad, perspectivas institucionales públicas y diversas visiones sobre la acción cultural. Disensos y consensos, renuncias y consecuciones, cimentación consistente, aceptación de que algunas soluciones insuficientes habrán de ser transitorias y hacernos cargo de una agenda de delicadas asignaturas pendientes.
En todo caso se trata de plantear un proyecto de creación de una institución patrimonial de la cultura mexicana.
Un proyecto fundado en sólidos cimientos y destinado a perdurar, crecer y desarrollarse más allá de coyunturas políticas de la administración pública.
El proyecto de una compañía que sea de todos, artistas teatrales y sociedad y no sólo del artista responsable en turno y del grupo de sus allegados electivos. Una institución si bien estable, siempre abierta y convocante sistemáticamente de la plural excelencia artística de los hacedores de teatro mexicano y en algunos casos de buenos cómplices extranjeros.
Una compañía realmente nacional, presente en el vasto territorio del pacto federal y no sólo centrada en la capital y ahí sólo en el ámbito de la alta cultura.
Una institución artística pública, es decir de todos, que si bien es una necesaria selección profesional sea realmente representativa de una calidad apropiable para la comunidad artística y las diversas comunidades de la pluralidad nacional.
Una institución teatral irrenunciable a la que la sociedad tiene derecho. Una compañía cuyas tareas de excelencia artística estén presididas por el compromiso social al que se debe y cuyos integrantes a más de ser requeridos por la exigencia de la responsabilidad artística, asuman la identidad de su ejercicio profesional a la luz de la esencia colectiva del trabajo teatral y del carácter de servicio social que es razón teleológica de su quehacer.
Una colectividad artística cuyos frutos responden a la necesidad social del teatro como constructor de conciencia en las comunidades cálidas de personas y no a las cifras del consumo
Misión social y espiritual que no puede ser explicada a luz de la lógica del mercado, que parece regir la visión cada vez más estrecha de las administraciones públicas y privadas según el nuevo fundamentalismo que, si en el pasado llegó a decir “fuera de la iglesia no hay salvación”, hoy dice “fuera del mercado no hay salvación”.
Una Compañía Nacional de Teatro necesaria porque la dignidad cultural de una nación la merece; sólo que en el caso del teatro no parece haber tanta claridad como en el caso de otras artes.
Por ejemplo, nadie se atrevería a dudar de la necesidad de que exista una Orquesta Sinfónica Nacional, así ésta nunca pueda ser autofinanciable, porque está claro que no se trata de un negocio. Y sobre todo, porque no todo es negocio en la vida de la sociedad, como casi nunca lo es lo que llamamos calidad de vida.
Fragmento del texto: Un proyecto de Compañía Nacional de Teatro para México, para leer completo http://teatromexicano.com.mx/proyectocnt.pdf
Imagen: EGMONT de Johann Wolfgang von Goethe
Versión de Juan Villoro
Foto: CNT/ Sergio Carreón
http://www.facebook.com/photo.php?pid=30170123&id=1469557372
No hay ningún comentario
* El correo no será visible a los usuarios del sitio.