4 Comments

  1. Rodolfo Obregon
    11 mayo, 2020 @ 7:25 pm

    (La comunicación digital) “altera y recoloca las genealogías culturales, reterritorializa las tradiciones artísticas, genera nuevas estructuras. En este sentido, la digitalización es la condición posibilitadora de las nuevas teatralidades, y perturba las estructuras narrativas de una cultura nacionalista que produce discursos de centralidad y alteridad. Y a pesar de que la cultura digital es vista a menudo como la antítesis de la actuación en vivo (live performance), también puede producir “liveness”, por usar el término de Philip Auslander…” (Alan Filewod).

    Mi querido maestro: Cobijado por semejante epígrafe te preguntó como mi mayor, ¿qué sentiste la primera vez que tuviste un encuentro digital? Tal vez esa debería ser tu respuesta frente el fenómeno. Porque el problema, para mí, no es que el teatro sea así o asá, sino que ejemplos como el que pones -tal vez- no funcionan porque quieren hacer el mismo teatro en contextos y con posibilidades técnicas radicalmente distintos. El argumento de Dubatti es muy endeble, porque podría rebatirse preguntando: ¿y qué pasó cuando se metió el teatro a una sala frontal, fijó al espectador y enmarcó la imagen? ¿Y con la introducción de la luz eléctrica? ¿No se «invadió» la percepción?, ¿no se «alteró» su visión del detalle y el conjunto? En cuanto al sobado «convivio», yo tuve anoche uno bellísimo con mi madre en su departamento en el viejo DF, y mi sobrino en Berkeley, y mi sobrina nieta en Nueva York y mis hermanos en Leondres. Entrañable. Dice José Sánchez que la situación de copresencia no es necesariamente física, también puede ser -como en este caso- afectiva. Es el mundo en que vivimos. Nos guste o no.
    Si algo he aprendido en mis clases de historia del teatro es que éste nunca fue el mismo, que no hay tal esencia del teatro. Y mi conclusión, que disfruto profundamente, es la siguiente: «si el teatro no siempre fue así, eso significa que no siempre tiene por qué ser así.» Abrazote virtual y lleno de afecto.

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  2. Fernando de Ita
    11 mayo, 2020 @ 8:09 pm

    En efecto, lo que no funciona en el formato digital es el teatro dramático. Yo mismo participé en la producción de 2 temporadas de hacer televisión con el teatro y no teatro en la televisión, y el resultado fue bueno. En este sentido ni ell Mahabaratha de Brook es soportable filmado. Seguro por formación me aburro pronto con los encuentros digitales, y leí ayer que es por la falta de retro alimentación fisica Decía el científico español que el lenguaje corporal complementa el discurso del otro y ese lenguaje se congela en cierta medida en la virtualidad. Pero entiendo tu punto y estoy cierto que el teatro del futuro tendrá otro formato. Mi comentario fue como espectador de una experiencia más que como cronista de Teatro. Y en ese sentido estoy dispuesto a todo, incluso a disfrutar de la pornografia digital, sobre todo en tiempos de encierro.

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  3. Rodolfo Obregon
    11 mayo, 2020 @ 8:21 pm

    La otra cosa que repito hasta el cansancio en clase es que no hay «un teatro» y no tenemos por qué ver a cada forma del teatro como enemiga de las demás. Efectivamente, cada una corresponde a sus circunstancias y cada quien es libre de elegir la que mejor satisface sus necesidades y deseos. Creo que la virtualidad no es la antítesis del teatro sino que expande (dicho con toda mala fe) sus posibilidades.

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  4. Fernando de Its
    11 mayo, 2020 @ 11:31 pm

    Ya con más calma, si, cada adelanto tecnológico y arquitectónico ha modificado la mirada del espectador. El cine le dio un giro brutal a la actuación decomononica. Mi punto es que nada sustituye la presencia del otro, ni en la vida ni en el teatro. Hasta hoy las modificaciones de la dramática y la escénica no había llegado al grado de separar en el espacio al actor del espectador. Pará mí siempre será mejor ver a Liv Ullman actuando frente a mi que en una pantalla, y aún prefiero coger directamente con un cuerpo que con un holograma. Ese es mi punto.

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