5 Comments

  1. Día Crítico
    28 julio, 2018 @ 11:30 pm

    Nancy Trujillo: los derechos de autor son irrenunciables.
    Ángel Rubio tiene el acta que se muestra y ahí consta que tiene el soporte legal para demostrar la autoría de la obra.
    Si hay un contrato previo en dónde su trabajo fue escribir la obra según el avance de los ensayos, ese es un trabajo también. Si no te gustó el resultado final de la obra, la retroalimentación como productora, directora o actriz pues no se realizó durante el montaje. No quieras tomarnos el pelo que no sabías cómo iba el proceso de escritura y montaje. Si no te gustaba el resultado final, liquidas el trabajo e inicias la escritura de un nuevo texto, ya sea contratando un nuevo dramaturgo o escribiéndolo tú misma. Lo que haces, lo han hecho varias personas de gremio mexicano y seguirá pasando hasta que no se expongan estos casos y los actores, directores, dramaturgos, productores y grupos de teatro conozcan la Ley Federal del Derecho de Autor (en el INDA y en SOGEM reparten folletos donde se puede conocer la ley en su totalidad).
    Las creaciones colectivas no existen, quizá creas que vives en 1970 pero a partir de 1990 no existen creaciones colectivas literarias, ni dramáticas, no son una figura legal válida.
    Si contrataste a Ángel como tu negro literario, debiste especificarlo en el contrato, eso sólo lo hacen los escritores reconocidos y las empresas generadoras de contenido en formato largo. Es una práctica recurrente PERO MUY BIEN PAGADA.
    Ángel Rubio: acude a SOGEM para asesoría y representación legal. No cuesta. Si no cuentas con los recursos, te damos el dinero necesario para que viajes a la Ciudad de México y resuelvas este asunto por la vía legal. Así sean tres mil pesos lo que se te debe, los derechos intelectuales y morales sobre tu obra valen para toda tu vida de trabajo. No te dejes, no te quedes callado. Te apoyamos.

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  2. rubén ortiz
    29 julio, 2018 @ 12:56 am

    retomo las palabras de alejandra, y añado que también entra en juego la maldita precarización, económica y moral, de nuestro trabajo. si nancy no sabe que lo que está haciendo está muy jodido, es porque así ha aprendido a hacer las cosas y nadie la había confontado antes. somos omisos en poner limites a los compañeros y compañeras porque hemos naturalizado abusos en las escuelas y en el trabajo profesional y porque nos falta aprender que en este barco si jodemos a alguien, nos jodemos también a nosotros mismos a largo plazo.

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    • Berenice
      29 julio, 2018 @ 1:29 am

      El uso de la expresión “negro literario” es racista y pertenece a otro momento histórico. Habrá que actualizarse.

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      • Eugenia de Combi
        4 agosto, 2018 @ 6:20 am

        Hola Berenice: La expresión también se conoce como “escritor fantasma”. La expresión “negro literario”, por tanto, no refiere en forma racista a lo que podría ser en el imaginario colectivo “la explotación de una persona”, sino más bien y, simplemente, a cuando una persona está trabajando como escritor sin que se dé crédito de su autoría públicamente (está oculto, en lo oscuro, escondido, en lo negro, no se lo ve, es como un fantasma). Es un trabajo. Se paga muy bien. Y las notas las firma un otro, célebre, o bien van sin firma en una publicación más extensa.
        Saludos

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  3. Luis Ayhllón
    29 julio, 2018 @ 9:54 am

    Coincido con Rubén.
    En mi experiencia con obras por encargo, los registros en INDAUTOR son indefectiblemente controvertidos. Sin embargo, siempre a favor del que tiene la lana; así sean 10 o 1000 pesos los que estén asentados en sus contratos onerosos.
    Cualquier obra por encargo debe ser registrada única y exclusivamente por quien se haya sentado a escribir, a menos que este proceso sea compartido. El contar con los derechos patrimoniales significa poder explotar comercialmente la obra, no ser el autor, y no te exime como productor de dar las regalías correspondientes.
    Saludos.

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