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  1. Martín López Brie
    13 febrero, 2017 @ 9:08 pm

    Sin duda los agentes del no-teatro piensan que es más vital casi cualquier cosa que una obra bien representada de Sergio Magaña. Ese es el punto: un supuesto agotamiento de la “naturaleza poética” del teatro (por exceso de la misma, por sospecha de colaboracionismo) que nos lleva a renunciar a ella. Pero sin duda hay algo de engañoso también en ese punto, porque parece asumir que el agotamiento de la naturaleza poética es absoluto y direccional, una flecha que va de la “vital” a lo “caduco” cuando resulta más útil pensarlo como una red compleja, donde la vitalidad puede renacer, donde la caducidad puede revertirse al entrar en contacto con contextos adecuados, con situaciones oportunas, con públicos específicos. Por otra parte, la disputa entre conservadores de mierda y agitadores de cagada se da más por los espacios de legitimación (que incluyen torta), que por cuestiones estéticas. Esta disputa nos ha llevado a situaciones absurdas como vimos en la pasada muestra (37 MNT) donde se programaron solo dos tipos de obras: por un lado, teatro bonito, institucional, de excelente factura y aburridísimo: por el otro, teatro de melodrama documental, de facturas irregulares, un poco más interesante, pero con tufo a pasarela de moda posmoderna.

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